Mittwoch, 4. Januar 2017

¡HONOR Y GLORIA A LOS REVOLUCIONARIOS DE ENERO DE 1922!







Seguimos adelante con la semana de conmemoración por la fundación del Partido Comunista de Chile, hito de la clase obrera nacional sucedido el 2 de enero de 1922 (hace 95 años), con una exposición de cómo Recabarren allanó el camino para dar el salto hacia la constitución del PCCh, tomando la experiencia más avanzada de su momento, la Revolución Rusa dirigida por los bolcheviques.
El actual Partido “Comunista” no ve diferencias entre el Partido Obrero Socialista (POS) -primer partido obrero fundado por Recabarren- y el Partido Comunista de Chile, sección de la Internacional Comunista. Por ello, no conmemoran la fecha de su fundación, sino que la del POS (4 de junio de 1912). Así, intentan ocultar a las masas populares el hondo significado de lo necesario que es un partido proletario marxista-leninista, hoy marxista-leninista-maoísta, para llevar a cabo la revolución que libere las cadenas a las masas trabajadoras. Cadenas de acero que, con la unidad del pueblo y bajo una auténtica dirección proletaria, saltarán como el barro.

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El Maestro Recabarren a la cabeza de la línea roja

El 30 de agosto de 1918, el Partido Obrero Socialista (POS) llevó a cabo su II Congreso en Antofagasta. Fue un congreso con lucha de dos líneas, donde la línea roja, con Luis Emilio Recabarren a la cabeza, estaba clara que el camino a seguir era el que trazaba la Rusia Soviética, que hacía poco menos de un año, con lucha armada, había conquistado el poder obrero y campesino.
En 1919 estalló una crisis económica y política en el país. El imperialismo yanqui, urgido por contener el alza en la lucha de clases en Chile, puso a Alessandri –representante de la facción compradora de la gran burguesía– a administrar la crisis.
La lucha de clases se desarrollaba al interior del POS como lucha de dos líneas. La línea roja del maestro Recabarren impulsó el estudio y la discusión de las 21 condiciones establecidas por la Internacional Comunista (también llamada Tercera Internacional) para adherirse a ella.
El 25 de diciembre de 1920, el III Congreso del POS efectuado en Valparaíso, establece: Que la revolución Rusa y el régimen de los Soviets que ha reemplazado el Estado capitalista en Rusia, le merece todas sus simpatías y, por lo tanto, resuelve adherir a la Tercera Internacional de Moscú… Queda autorizado el Comité Ejecutivo Nacional (del POS) para comunicarse con la Oficina de la Tercera Internacional de Moscú, y gestionar nuestro ingreso…”
Junto a la autorización al Comité Ejecutivo Nacional para gestionar el ingreso del POS a la Internacional Comunista, el POS elaboró una Declaración de Principios donde recalca que la finalidad del Partido es la abolición del sistema capitalista, que el Partido debe ser cada vez más revolucionario y que para ello debe depurarse de los elementos vacilantes y oportunistas.


Obreros chilenos de la construcción en 1922
La clase obrera de Chile se constituye en Partido Comunista
El 1 y 2 de enero de 1922 se llevó a cabo, en Rancagua, el IV Congreso del POS, que se transformó en el I Congreso del Partido Comunista de Chile.
El 1 y 2 de enero de 1922 representa un hito para la clase y el pueblo de Chile, como parte del proletariado y los pueblos del mundo. Bajo la jefatura del maestro Luis Emilio Recabarren, el proletariado dio el salto a la constitución del Partido Comunista – Sección Chilena de la Internacional Comunista.
Los oportunistas y revisionistas dicen que el Partido sólo cambió de nombre de POS a PC, que mantuvo su funcionamiento orgánico, etc. Ellos anteponen lo orgánico a lo político y todo para servir de mejor manera a sus amos imperialistas. No comprenden que, si bien el Partido Comunista (Sección Chilena de la Internacional Comunista) mantuvo al grueso de la militancia del POS, es un Partido política e ideológicamente distinto al POS.
El maestro Recabarren dio dura lucha al interior del POS para que se impusiera la línea roja. El POS tenía límites, pertenecía a los tiempos de la II Internacional (socialdemócrata). El triunfo de la Revolución Rusa (1917) y sobre esta base la constitución de la Internacional Comunista (1919) mostró el camino y al mismo tiempo jalonó al Movimiento Comunista Internacional y a todos los revolucionarios del mundo. El POS podría haber adherido a las 21 condiciones de la Internacional Comunista, podría haber dicho “estamos de acuerdo” e incluso podría haberlas propagandizado. Pero para aplicarlas se necesitaba un Partido Comunista, un Partido que no sólo aprobara las 21 Condiciones, sino que las aplicara, que las hiciera carne también en Chile.
Rusia se convirtió en 1917 en el centro, en la avanzada de la Revolución Proletaria Mundial. El centro de la tormenta estaba en Rusia, donde los bolcheviques pusieron fin a la era de revoluciones burguesas y dieron nacimiento a la era de la revolución proletaria. Este gran hito a nivel internacional tuvieron que defenderlo todos los comunistas del mundo. La reacción y el revisionismo se lanzaron en picada contra la patria de los soviets, que era la patria de todos los obreros y pueblos oprimidos del mundo. ¿Cómo hacer frente al imperialismo y al revisionismo? Los antiguos Partidos socialistas no bastaban. Se necesitaban soldados acerados en la más dura lucha de clases, se necesitan Partidos Comunistas.
Recabarren y los comunistas avanzados comprendieron que sin dar el salto a la constitución del Partido Comunista se estancarían. Comprendieron también que se estancarían, no obstante constituirse en Partido Comunista, si no buscaban guiarse por Lenin y la fracción roja del Movimiento Comunista Internacional.
Rusia era lo más avanzado y hacia allá había que mirar, había que asumir como propio las conquistas y la defensa de la Revolución Rusa. Es por esto que Recabarren dirige la constitución del Partido Comunista de Chile como sección de la Internacional Comunista, asumiendo como ideología el marxismo-leninismo (hoy marxismo-leninismo-maoísmo).
Sectores de la pequeña burguesía se espantan y gritan ¡dogmáticos!, ¡Rusia no es Chile!, se incomodan frente a las posiciones resueltas, culebrean en busca de “la particularidad” que los aleje de toda definición ideológica. Pero Recabarren y los revolucionarios de enero de 1922 eran proletarios, eran comunistas ¿qué razón tendrían para dar las espalda a la Rusia de los soviets obreros y campesinos? Ninguna.
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II Congreso de la Internacional Comunista

21 Condiciones para la admisión a la Internacional Comunista
El segundo congreso de la Internacional Comunista pone las siguientes condiciones de adhesión a la Internacional Comunista:
  1. Toda la actividad de propaganda y agitación debe ser de naturaleza auténticamente comunista y conforme al programa y a las decisiones de la Internacional Comunista. Toda la prensa de partido debe estar bajo la dirección de comunistas de mucha confianza que hayan dado prueba de devoción a la causa del proletariado. La dictadura del proletariado no debe ser considerada simplemente como una fórmula de uso corriente para repetirla mecánicamente, hay que propugnarla de un modo que haga comprensible su necesidad a cualquier obrero u obrera común, a cualquier soldado o campesino, partiendo de los hechos de sus vidas cotidianas, los cuales nos tienen que servir continuamente como argumento en nuestra prensa.
Los periódicos y demás publicaciones, así como todas las editoriales del partido, deben estar completamente subordinadas al presidium del partido, independientemente del hecho de que en un momento dado el partido sea legal o clandestino. No se puede permitir que las editoriales abusen de independencia y desarrollen una línea política que no esté en absoluta armonía con la línea política del partido. En los artículos de la prensa, en las asambleas públicas, en los sindicatos y en las cooperativas, donde quiera que los adherentes a la Internacional Comunista estén presentes, es necesario denunciar, sistemática e implacablemente, no sólo a la burguesía, sino también a sus servidores, los reformistas de cualquier tipo.
  1. Cualquier organización que quiera adherirse a la Internacional Comunista debe quitar por norma a reformistas y centristas de todos los cargos de responsabilidad dentro del movimiento obrero (organizaciones de partido, comités de redacción, sindicatos, grupos parlamentarios, cooperativas, órganos de gobierno locales, etc.) y sustituirlos con comunistas probados, incluso aunque, sobre todo al inicio, sea necesario sustituir oportunistas “expertos” por simples trabajadores de base.
  2. En casi todos los países de Europa y América la lucha de clase está entrando en la fase de la guerra civil. En esta situación los comunistas no pueden de ninguna manera depender de la legalidad burguesa. Estos están obligados a crear por todas partes una organización clandestina paralela que en el momento decisivo ayudará al partido a cumplir su deber con la revolución. En todos los países en los que los comunistas no están en condiciones de operar legalmente, a causa del estado de sitio o de leyes de excepción, es absolutamente necesario combinar la actividad legal con la clandestina.
  3. Dentro del deber de divulgar las ideas comunistas merece mención específica el desempeño de dicho deber en el ejército, con una actividad de propaganda sistemática y enérgica. Allí donde tal labor de agitación se vea impedida por las leyes de excepción, hay que llevarla a cabo clandestinamente. El rechazo a desempeñar semejante tarea equivaldría a repudiar el deber revolucionario y es incompatible con la pertenencia a la Internacional Comunista.
  4. Es necesario hacer un trabajo de agitación sistemático y programado en el campo. La clase obrera no puede consolidar su victoria si no se asegura, por medio de su propia línea política, el apoyo del proletariado rural y de al menos una parte de los campesinos más pobres, así como la neutralidad de parte de la población rural restante. Actualmente la actividad comunista en las zonas rurales está adquiriendo una importancia de primer orden. Es necesario llevarla a cabo principalmente con la ayuda de los trabajadores comunistas de la ciudad y del campo que tengan relación estrecha con éste. El descuidar este trabajo o abandonarlo en las manos de los nada fiables semi reformistas equivale a renunciar a la revolución proletaria.
  5. Todo partido que quiera pertenecer a la Internacional Comunista tiene la obligación de desenmascarar no solamente al socialpatriotismo declarado, sino también la falsedad y la hipocresía del socialpacifismo, de hacer ver sistemáticamente a los trabajadores que sin el abatimiento revolucionario del capitalismo ninguna corte internacional de arbitraje, ningún acuerdo para la limitación de armamento, ninguna reorganización “democrática” de la Sociedad de las Naciones, podrá impedir nuevas guerras imperialistas.
  6. Los partidos que quieran adherirse a la Internacional Comunista tienen la obligación de reconocer la necesidad de una ruptura completa y absoluta con el reformismo y con la línea política de “centro”, y de propugnar todo lo que se pueda esta ruptura entre los propios miembros. Sin esto no es posible ninguna línea política coherentemente comunista.
    La Internacional Comunista exige rotunda y categóricamente que tal ruptura se produzca lo antes posible. La Internacional Comunista no puede permitir que oportunistas tristemente famosos como Turati, Modigliani, Kautsky, Hilferding, Hillquit, Longuet, MacDonald, etc., tengan el derecho de pasar por miembros de la Internacional Comunista. Esto no podría dejar de llevar a la Internacional Comunista a un estado de ruina similar al de la Segunda Internacional.
  7. Los partidos comunistas de países en los que la burguesía está en posesión de colonias y oprime otras naciones es necesario que tengan una actitud particularmente explícita y clara sobre la cuestión de las colonias y los pueblos oprimidos. Todo partido que quiera formar parte de la Internacional Comunista tiene la obligación de desenmascarar los trucos y engaños de sus “propios” imperialistas en las colonias, de apoyar no solo de palabra sino con hechos todo movimiento de liberación en las colonias, de pedir que los imperialistas de su país sean expulsados de tales colonias, de infundir en los trabajadores de su propio país una actitud de verdadera fraternidad con los trabajadores de las colonias y los pueblos oprimidos, y de hacer sistemáticamente una labor de propaganda entre las tropas de su propio país para que no colaboren con la opresión de los pueblos coloniales.
  8. Todo partido que quiera pertenecer a la Internacional Comunista debe desarrollar una actividad sistemática y duradera en los sindicatos, en los consejos obreros y en los comités de empresa, en las cooperativas y en las otras organizaciones de masa de trabajadores. Se necesita constituir dentro de dichas organizaciones células comunistas que por medio de un trabajo constante e infatigable conquisten para la causa del comunismo a los sindicatos, etc. En su labor cotidiana las células tienen que dar a conocer en todas partes las traiciones de los socialpatriotas y la irresolución de los centristas. Las células comunistas deben estar completamente subordinadas al conjunto del partido.
  9. Todo partido que pertenezca a la Internacional Comunista tiene la obligación de entablar una lucha inexorable contra la “Internacional” de Ámsterdam de sindicatos amarillos. Debe difundir con todo vigor entre los sindicalistas la necesidad de una ruptura con la Internacional amarilla de Ámsterdam. Debe hacer todo lo posible por apoyar a la Asociación internacional de sindicatos rojos, asociada a la Internacional Comunista, actualmente en vía de formación.
  10. Los partidos que quieran adherirse a la Internacional Comunista tienen la obligación de someter a revisión los componentes de sus grupos parlamentarios y destituir a todos los elementos desleales, de hacer que tales grupos estén subordinados al presidium del partido no solo de palabra sino en los hechos, exigiendo que cada parlamentario individual comunista subordine toda su actividad a los intereses de una propaganda y una agitación auténticamente revolucionarias.
  11. Los partidos que pertenezcan a la Internacional Comunista deben basarse en el principio del centralismo democrático. En el momento actual de dura guerra civil el Partido comunista sólo podrá realizar su cometido si su organización está lo más centralizada posible, si se impone dentro de ella una disciplina férrea y si el centro dirigente del partido, apoyado en la confianza de sus miembros, tiene fuerza y autoridad y se le dota de los más amplios poderes.
  12. Los partidos comunistas de los países en los que los comunistas operan en la legalidad de vez en cuando deben emprender un trabajo de depuración (reinscripción) entre los miembros del partido para desembarazarse de todos los elementos pequeños burgueses que se hayan infiltrado.
  13. Todo partido que quiera adherirse a la Internacional Comunista tiene la obligación de apoyar incondicionalmente todas las repúblicas soviéticas en la lucha contra las fuerzas contrarrevolucionarias. Los partidos comunistas deben llevar a cabo una propaganda explícita para impedir el envío de municiones a los enemigos de las repúblicas soviéticas; además deben realizar una labor de propaganda, con todos los medios, tanto legales como ilegales, entre las tropas enviadas a sofocar las repúblicas obreras.
  14. Los partidos que todavía mantienen los viejos programas socialdemócratas tienen la obligación de someterlos a revisión lo antes posible, y de redactar, teniendo en cuenta las condiciones particulares de su país, un nuevo programa comunista que esté en conformidad con las decisiones de la Internacional Comunista.
Como norma el programa de cada partido perteneciente a la Internacional Comunista debe ser ratificado por un congreso regular de la Internacional Comunista o por el Comité Ejecutivo. Si el programa de un partido no obtuviese la ratificación del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, el partido en cuestión tiene el derecho de apelar al congreso de la Internacional Comunista.
  1. Todas las decisiones de los congresos de la Internacional Comunista, así como las decisiones de su Comité Ejecutivo, son vinculantes para todos los partidos pertenecientes a la Internacional Comunista. La Internacional Comunista, que opera en una situación de dura guerra civil, debe tener una estructura mucho más centralizada que la de la Segunda Internacional. Naturalmente la Internacional Comunista y su Comité Ejecutivo deben tener en cuenta en todas sus actividades la diversidad de situaciones en las que se encuentra cada partido para luchar y actuar, y deben tomar decisiones vinculantes para todos únicamente cuando tales decisiones sean posibles.
  2. En este sentido, todos los partidos que quieran adherirse a la Internacional Comunista deben cambiar de nombre. Todo partido que quiera pertenecer a la Internacional Comunista debe llamarse: Partido Comunista de tal o cual país (sección de la Internacional Comunista). El hecho del nombre no es solamente una cuestión formal, sino una cuestión exquisitamente política y de gran importancia. La Internacional Comunista ha declarado la guerra a todo el mundo burgués y a todos los partidos de la socialdemocracia amarilla. La diferencia entre los partidos comunistas y los viejos partidos “socialdemócratas” o “socialistas” oficiales, que han traicionado la bandera de la clase obrera, debe hacerse comprensible para cualquier simple trabajador.
  3. Todos los principales órganos de prensa de partido de todos los países tienen la obligación de publicar todos los documentos oficiales importantes del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista.
  4. Todos los partidos pertenecientes a la Internacional Comunista y los que han hecho la petición de admisión tienen la obligación de convocar lo antes posible, y en cualquier caso dentro de los cuatro meses siguientes al segundo congreso de la Internacional Comunista, un congreso extraordinario para examinar todas estas condiciones de admisión. Por este motivo todas las centrales de partido deben comprobar que las decisiones del segundo congreso de la Internacional Comunista han sido comunicadas a todas las organizaciones locales.
  5. Los partidos que ahora quieren entrar en la Internacional Comunista, pero que no han cambiado todavía radicalmente su vieja estrategia, antes de entrar en la Internacional Comunista deben hacer que su comité central y todos los organismos dirigentes centrales estén compuestos por no menos de dos tercios de compañeros que ya antes del segundo congreso propugnaran públicamente e inequívocamente la entrada de su partido en la Internacional Comunista. Se pueden hacer excepciones con el consenso del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. El Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista también tiene el derecho de hacer excepciones en el caso de los representantes centristas mencionados en el párrafo 7.
  6. Los miembros del partido que rechacen como principio las condiciones y tesis elaboradas por la Internacional Comunista deben ser expulsados del partido.
    Lo mismo es válido en especial para los delegados a los congresos extraordinarios.

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Autor: Periódico El Pueblo (Chile)


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