Samstag, 9. Juni 2018

A NOVA DEMOCRACIA BRASIL: Editorial - Apoyar la huelga de los camioneros, preparar la huelga general!

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Año XVI, nº 210 - 2ª quincena de mayo y 1ª quincena de junio de 2018
La paralización de los camioneros mostró la profundidad de la crisis general del país en todos los sentidos. Además de estampar la fragilidad del modo de transporte por carretera(que es resultado de un capitalismo burocrático basado en el retraso semifeudal envuelto como moderno y sometido a la dominación semicolonial imperialista), revela la situación general del país en un plano inclinado. 

Plan inclinado que ninguna solución de fachada o supuesta "eficiencia gerencial" (como cacarea los partidos políticos electorales y los monopolios de prensa) puede invertir. Ni siquiera las bravatas moralistas y redentoras de la miliciosa golpista lame-botas de USA pueden hacerlo. Brasil está estremecido y sus verdaderas fuerzas sanas pasaron a su revolvimiento. A partir de entonces, nada quedará donde estuvo hasta ahora.

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La gran adhesión de los camioneros no puede ser atribuida, como hacen los oportunistas electoreros y el discurso oficial, a un simple lockout (huelga patronal). Es cierto que buena parte del movimiento está dirigido por intereses empresariales (que tienen incluso mayor acceso a canales de negociación y preferencia en la atención a sus demandas), pero el gran número de conductores empleados de estas mismas empresas de transporte están sometidos a condiciones absurdas de trabajo . Igualmente absurdo es el hecho de que más del 40% de la flota de camiones pertenece a trabajadores que han invertido sus últimas economías en la compra del vehículo y se encuentran en condiciones inhumanas de trabajo impuestas por las compañías y grandes contratistas de flete, que aplanan los valores  de los fletes e impone plazos impracticables, imposibilitando la supervivencia de los conductores y el propio mantenimiento de los camiones. Se suma a ello el extorcionador cobro de peaje en las carreteras.

Incluso ante el desabastecimiento de combustibles y alimentos y del caos en el transporte público, hubo gran apoyo popular a la movilización, e incluso otras categorías se adhirieron a su manera a las protestas, como las vans, los taxistas y los mototaxistas. Los petroleros también dieron indicación de huelga, hasta el cierre de esta edición.


La gerencia ilegítima del cadáver político Temer, que parecía sorprendida por la dimensión del movimiento y puesta contra la pared, se dividió entre medidas temporales de reducción de impuestos y del precio del diesel y negociaciones con representantes de los grandes empresarios del  transporte. Un primer acuerdo, llegó a ser divulgado el 24 de mayo, pero los camioneros autónomos rechazaron terminar el paro y forzaron a nuevas negociaciones el fin de semana.


Tal vez un acto más planeado, y bajo el manto rasgado del "acuerdo" hecho con supuestos liderazgos de los camioneros, fue el decreto de Garantía de la Ley y de la Orden (GLO), que autorizó a las Fuerzas Armadas (FF.AA) a intervenir contra los " trabajadores en nombre del "restablecimiento del  orden", el día 25. Tal decreto fue una petición directa del mando del ejército. En el pronunciamiento dado para anunciar la autorización, Temer llenó la boca para soltar el viejo cacareo fascista de "minoría radical" entre los trabajadores parados.


¿Sería esta "minoría radical", por casualidad, los milicos de la extrema derecha que se pronuncian abiertamente en nombre de las Fuerzas Armadas llamando al movimiento huelguista a crear el máximo de caos hasta deponer al gobierno con una intervención militar? Claro que no. Se trata del viejo borde de la reacción para acusar a los trabajadores y los revolucionarios. Esta extrema derecha quiere precipitar el golpe militar, pero los conspiradores dirigidos por USA quieren primero generar gran opinión pública a favor de la idea de que sólo las Fuerzas Armadas tienen credibilidad para sacar al país de este plan inclinado.


Tropas de las FF. AA. se trasladaron en varias partes, dirigiéndose a los puntos de bloqueo, principalmente en las entradas de refinerías, para garantizar la circulación de los camiones cisterna, lo que comenzó a hacerse el día 28.


Estamos denunciando desde hace varias ediciones la marcha de un golpe de estado militar contrarrevolucionario- preventivo contra la inevitable rebelión de las masas contra este sistema de explotación y opresión. En un escenario de caos en los transportes, desabastecimiento general y de la represión no forzar el fin del movimiento huelguista, se plantea, por las circunstancias, la posibilidad del desenlace del mismo más inmediato. Sin embargo, la tendencia de los conspiradores es aguardar las elecciones (que desde ya apuntan a rotundo fracaso). Sobre esta perspectiva, basta observar que no hay ni fuerzas políticas partidistas ni candidatos que puedan representar un mínimo de credibilidad y capacidad para estabilizar el país. Esta quiebra potenciará la crisis con mayor fuga de capitales.


Es necesario que los verdaderos demócratas y revolucionarios apoyen decididamente la huelga, defendiendo el derecho de los conductores empleados, los autónomos y las pequeñas y medianas empresas contra los grandes grupos empresariales que quieren usar a los trabajadores para sacar castañas del fuego para ellos. Estos grandes empresarios del transporte históricamente estuvieron ligados a la reacción y al régimen militar-fascista. No se trata, pues, de abogar cualquier retroceso de las movilizaciones por temor a un golpe militar, algo tan al gusto del oportunismo electorero que, ignorando su propia parte de culpa en la actual situación nacional, juega todo en la apuesta de la próxima farsa electoral, de la que nada bueno puede venir para el pueblo.


Para los verdaderos demócratas y revolucionarios, se impone el deber de defender los intereses de los trabajadores en esta huelga, movilizar y ampliar el apoyo popular en la dirección de construir la huelga general de todos trabajadores y trabajadoras en el país, contra las "reformas" que suprimieron y pisotean derechos históricos duramente conquistados. Para ello, se trata de politizar a las masas para resistir y oponer la justa rebelión popular al golpe de Estado militar contrarrevolucionario en curso.

Ni golpe militar, ni farsa electoral. Sólo la revolución democrática puede liberar al pueblo y a la nación del caos, de la miseria y de la rapiña imperialista.


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