Nuevo Peru

Wednesday, July 29, 2026

SERVIR AL PUEBLO ESPANA: El imperialismo yanqui ha asesinado decenas de pescadores mexicanos

 

El imperialismo yanqui ha asesinado decenas de pescadores mexicanos

Compartimos este artículo publicado en el Heraldo Rojo.

El imperialismo yanqui está asesinando pescadores mexicanos en su criminal campaña de agresión en el Caribe y el Pacífico, de acuerdo con varios reportes procedentes de los Estados Unidos. Al menos ocho pescadores mexicanos fueron asesinados en ataques con misiles contra sus buques en febrero, según informa prensa burguesa. Hay informes de marineros del pueblo mexicano La Cruz de Huanacaxtle que desaparecieron en las mismas fechas que se produjeron ataques por parte de militares yanquis contra buques. Dos pescadores mexicanos de Puerto San Carlos fueron asesinado en marzo.

Esta campaña asesina ha destruido al menos 67 buques y asesinado al menos 221 personas desde septiembre de 2025. El último de estos ataques ocurrió el 21 de junio. Desde el inicio de esta campaña, los pescadores mexicanos que salen a pescar atún, tiburones y otras especies lejos de la costa, se han convertido en el objetivo de las bombas estadounidenses.

Monopolios de prensa estadounidenses han informado recientemente que ha habido una larga pausa en los ataques mortales contra los pesqueros en el Caribe y el Pacífico oriental, y que los funcionarios estadounidenses no están convencidos de estos ataques tras 11 meses. De acuerdo con datos oficiales, la cantidad de cocaína requisada ha decaído pero sigue llegando en grandes cantidades a los Estados Unidos. El dirigente del Comando Sur de EEUU, el General del Cuerpo de Martines, Francis Donovan, reconoció el fracaso de la campaña estadounidense al afirmar que: “Los ataques contra buques no son la respuesta”.

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Posted by Verein der Neuen Demokratie at 5:35 PM

SOL ROJO MX: Breves iniciando semana julio 27, 2026

 

Breves iniciando semana

julio 27, 2026

 


India/Internacional. Como cada año, del 28 de julio al 3 de agosto, el Partido Comunista de la India (Maoísta) prepara la Semana de los Mártires, cuyo principal objetivo es honrar la memoria de aquellos que han sido masacrados por el régimen mientras luchaban por la Revolución de Nueva Democracia. Año con año el PCI (M) conmemora estas fechas con importantes acciones armadas, bunds (huelgas generales) y eventos políticos culturales desarrollados por las organizaciones de masas del Partido y el Ejército Guerrillero Popular de Liberación (PLGA por sus siglas en inglés). Este año la Semana de Mártires ocurrirá en un contexto interesante. Por un lado, el régimen fascista del Partido Popular Indio (PJP) fracasó en su promesa de hacer triunfar la contrarrevolucionaria “Operación Kagaar” la cual había anunciado “la derrota y eliminación del maoísmo” en el país. Por otro lado, será justo después de las poderosas manifestaciones de jóvenes y la rebelión de las “cucarachas”, en alusión a este importante movimiento estudiantil que ha tenido en jaque al régimen fascista de Modi tras revelarse su corrupción y burocracia en el manejo educación pública superior. Apenas este sábado, luego de un mes de rebelión juvenil y de cruenta represión del Estado, el autodenominado “Partido Popular de las Cucarachas” (Cockroach Janta Party) se anotó una significativa victoria al obligar la dimisión del ministro de educación, Dharmendra Pradhan. El fascista Narendra Modi ha declarado que esta decisión ha sido tomada para “mantener la unidad nacional y evitar que "elementos antinacionales" se aprovechen de la inestabilidad generada por las protestas”. Es el temor del régimen fascista hinduvta-brahmánico a la Guerra Popular, el temor del viejo Estado ante la firmeza del PCI (M), y el temor de las clases dominantes ante el arraigo del maoísmo entre las masas. ¡Saludamos la Semana de los Mártires! ¡Viva la guerra Popular en la India!

 


Palestina:  Durante los últimos días, la entidad sionista intensificó su ofensiva militar contra el pueblo palestino, dejando una nueva estela de muerte y destrucción en la Franja de Gaza y profundizando la ocupación en Cisjordania. Mientras las potencias imperialistas continúan brindando respaldo político, económico y militar a “Israel”, la población palestina enfrenta una de las crisis humanitarias más graves de las últimas décadas. Los bombardeos continúan golpeando zonas densamente pobladas de Gaza, provocando la muerte de civiles. Hospitales colapsados, viviendas destruidas y miles de familias desplazadas forman parte del panorama cotidiano impuesto por la agresión militar. Las cifras de personas asesinadas y heridas continúan aumentando, desde el inicio de la cruzada “israelí” el 7 de octubre de 2023, el número de muertos en la Franja de Gaza asciende a 73 mil 317, mientras que la cifra de heridos alcanza los 173 mil 961. En la Cisjordania ocupada, el ministro de Finanzas de “Israel”, Bezalel Smotrich anunció la construcción de 763 nuevos asentamientos, profundizando la colonización del territorio palestino. Esta medida, condenada por diversos organismos internacionales, representa un nuevo avance de la ocupación y una violación al derecho internacional al consolidar la expulsión de comunidades palestinas de sus tierras ancestrales y ampliar el control territorial “israelí”. Mientras tanto, a estas alturas resulta insuficiente describir la actuación de la llamada "comunidad internacional" con su pasividad, silencio e incapacidad para detener a Israel, cuando mantiene su respaldo al gobierno "israelí" pese a las crecientes acusaciones internacionales por crímenes de guerra y actos que diversos organismos califican como genocidio contra el pueblo palestino. El proyecto colonial sionista no se detendrá por voluntad propia, por ello es transcendental que frente a quienes pretenden imponer mediante el genocidio, la colonización, las cárceles y el desplazamiento una realidad irreversible, la respuesta debe ser exactamente la contraria: permanecer, organizarse, resistir y avanzar hacia la liberación nacional. La solidaridad no puede limitarse a acompañar el sufrimiento palestino ni a conmoverse ante cada nueva masacre, es importante exigir el fin de la ocupación, el cese inmediato de la agresión militar y el reconocimiento del derecho del pueblo palestino a vivir libre, con soberanía y autodeterminación en su territorio histórico. La lucha que tenemos por delante es también una sola: romper la impunidad, derrotar el proyecto colonial sionista y liberar Palestina, toda Palestina. ¡Abajo la maldita entidad sionista! ¡Solidaridad con el pueblo Palestino! 

 


Irán: La tensión continúa en aumento tras la intensificación de las acciones militares de Estados Unidos contra Irán. Como parte de sus operaciones de represalia en respuesta a los ataques contra su territorio, la Guardia Islámica de Irán aseguró haber destruido 11 aeronaves, 17 drones, en instalaciones militares de Estados Unidos en bases ubicadas en Kuwait, Jordania y Bahréin. Teherán denunció nuevos bombardeos contra zonas de su territorio y reafirmó que responderá a cualquier agresión que ponga en riesgo su soberanía. Las autoridades iraníes sostienen que los ataques forman parte de una estrategia de presión impulsada por Washington para debilitar al país y reforzar su presencia militar en la región. El comandante del Cuartel Central de Khatam Al Anbiya, anunció la adopción de una nueva ecuación militar frente a Washington. En ese contexto, el gobierno iraní reiteró que no renunciará a su derecho a la defensa y aseguró que sus fuerzas armadas se mantienen en estado de alerta y declaró: "Por cada ciudadano de la República Islámica de Irán que caiga mártir, el destino de un efectivo estadounidense será la muerte". Durante estos días también se reportaron acciones de represalia por parte de Irán contra posiciones militares estadounidenses en la región del Golfo Pérsico, mientras continuaron las tensiones en torno al estrecho de Ormuz, donde se confirmó que seis embarcaciones intentaron transitar de forma ilegal por una ruta no autorizada. Aún con la mayor tensión, Ormuz sigue bajo el control total de Irán. Por otra parte, Donald Trump aseguró que su gobierno “mantiene conversaciones muy profundas” con Irán y que retomará una “acción militar muy contundente”, otra más de sus mentiras, señala el Gobierno de la República Islámica que asegura no mantener negociaciones directas con Estados Unidos. ¡Muerte al imperialismo yanqui! ¡Viva la Resistencia Nacional ante la agresión imperialista!

 



México:  El Congreso Nacional Indígena (CNI) lanzó un importante comunicado tras la detención del compañero Jesús Placido Galindo y de Francisco Moreno Hérnandez, ambos presos políticos por los gobiernos de Morena en Guerrero y Chiapas, respectivamente. El documento destaca que... "Sin importar el color que digan tener, la forma y modo de los malos gobiernos sigue siendo el mismo: despojo, desplazamiento forzado, encarcelamiento político y una guerra contra quienes defienden la tierra, el territorio, la autonomía y la vida". 

 En México la guerra contra el pueblo sigue avanzando con detenciones arbitrarias, desplazamiento forzado, asesinatos (más de 500 mil) y desaparición forzada (más de 133 mil). 

Esta situación tiende a agudizarse ante el mayor injerencismo y amenazas de intervención militar por parte del imperialismo yanqui en nuestro país, cuyo fondo es remachar la condición semi-colonial de México para garantizar la total imposición de los megaproyectos de despojo y muerte, reconfigurando la geografía económica de México y Mesoamérica  en interes del gran capital monopolista.

 Ante esta situación la única respuesta posible sigue siendo la lucha por la unidad con principios y la unidad en la acción de las diversas fuerzas del pueblo, desde una perspectiva democrática, antiimperialista y revolucionaria que ponga al centro la lucha por la tierra y la liberación nacional.

¡Solidaridad con todas las luchas justas de los pueblos del Anáhuac!

¡Alto a la guerra contra el pueblo!

¡Abajo el injerencismo yanqui-imperialista! 

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Georges Ibrahim Abdallah

 

Posted by Verein der Neuen Demokratie at 5:32 PM

Kommunisten@riseup.net!: Reseña de la «Esfera Wallenberg» | Noticias

 

Reseña de la «Esfera Wallenberg»


| Noticias


Imagen: Knut y Alice Wallenberg


A continuación, describiremos a una de las familias de la oligarquía financiera más influyentes de Suecia: su historia, su forma de operar y cómo preservan su capital. Asimismo, utilizaremos a la familia Wallenberg como ejemplo práctico de cómo se ejerce el monopolio estatal en el marco del imperialismo sueco.


La familia Wallenberg ha ocupado puestos clave en la industria, la política, la banca y otros sectores lucrativos durante más de 150 años. Según un informe de 2018 del centro de estudios Katalys, la «Esfera Wallenberg» controla cerca de 2 billones de coronas (¡aproximadamente el 40 % del valor total de la Bolsa de Estocolmo!). Para explicar el desarrollo de este enorme monopolio que dirige la familia, este artículo repasará algunas de las actividades de las generaciones anteriores (cabe señalar que seguir el hilo puede resultar algo complejo, ya que muchos de ellos, siguiendo la costumbre dinástica, comparten exactamente el mismo nombre). No obstante, el enfoque principal recae en describir la actual posición de poder de la familia Wallenberg.


Como ya se ha mencionado, dos nombres se repiten a lo largo de la historia de la familia Wallenberg; para facilitar la lectura, presentamos a continuación a los distintos Marcus y Jacob Wallenberg citados en el texto:


Marcus Wallenberg (padre) (1864 – 1943)

Marcus Wallenberg (hijo) (1899 – 1982)

Marcus Wallenberg (el más joven) (1956 – ?)

Jacob Wallenberg (1892 – 1980)

Jacob Wallenberg (hijo) 1 – Actual presidente de Investor y de la Cámara de Comercio de Suecia (1956 – ?)

Jacob Wallenberg (hijo) 2 (1992 – ?)


El artículo se basa principalmente en información proveniente de fuentes impresas, lo que significa que nos limitamos a ofrecer una visión general. Ni siquiera el poder formal —manifestado en la riqueza, los cargos en consejos de administración, las direcciones ejecutivas, etc.— ha sido descrito más que parcialmente. Lamentablemente, no podremos describir con la eficacia necesaria el verdadero juego de poder entre bastidores: aquel que determina quién decide qué y cómo, qué grupos se imponen sobre otros para avanzar y quién sucumbe en la feroz lucha por dominar el terreno. No obstante, los hechos que presentaremos a continuación pondrán de manifiesto el inmenso poder concentrado en manos de unos pocos magnates dentro de la sociedad capitalista.


El desarrollo del monopolio


a) Banca


La historia, las actividades actuales y la influencia de la familia Wallenberg en la sociedad sueca están tan estrechamente ligadas al Stockholms Enskilda Bank (precursor del gigante bancario SEB, propiedad de los Wallenberg) que, en realidad, la familia y su banco deben abordarse en un mismo contexto. Su relación se explica por el hecho de que la familia financiera Wallenberg utiliza el banco como plataforma para incursionar en el sector industrial. Partiendo del banco, fundan o adquieren varias de las principales grandes empresas del país, tales como ASEA (actualmente conocida como ABB), Electrolux, Ericsson, SAAB-Scania, Svenska Kullagerfabriken (SKF), entre otras. En una carta de 1900, Marcus Wallenberg padre escribió lo siguiente, ofreciendo una descripción reveladora de la postura de la familia respecto al banco:


«Conoce usted el carácter del banco como institución familiar. El elemento Wallenberg debe mantener allí una posición dominante mientras haya miembros de la familia aptos para las actividades empresariales».


El primer financiero de la familia Wallenberg —de tradición clerical y episcopal— fue André Oscar Wallenberg (1816-1886). En la biografía familiar, André es descrito como «el innovador de la banca sueca». Inició su trayectoria empresarial en Sundsvall, donde participó en la fundación de las sucursales bancarias de Sundsvall y Hudiksvall, antes de fundar posteriormente el Stockholms Enskilda Bank en 1856. André desempeñó un papel activo en la vida política. Fue concejal en Estocolmo y, posteriormente, miembro primero del estamento de los burgueses y más tarde de la Primera Cámara del Parlamento. También formó parte de la comisión bancaria y ejerció una gran influencia en la legislación bancaria.


En sus inicios, el Enskilda Bank gestionaba sus finanzas principalmente mediante la compra de bonos gubernamentales destinados, entre otros fines, a la construcción de ferrocarriles para el transporte de mineral. A finales de la década de 1870 se produjo una crisis económica en la que la construcción ferroviaria disminuyó drásticamente, sumándose a una reducción de la demanda de productos clave de exportación suecos, como la madera y el hierro. Esto dejó a las compañías ferroviarias sin capacidad para pagar los intereses, mientras que Wallenberg no podía deshacerse de los bonos. A pesar de este contratiempo, Wallenberg —gracias a su estrecha relación con el entonces ministro de Hacienda, Gripenstam— logró asegurar un rescate gubernamental integral para el banco; la Oficina de la Deuda Pública prestó 23 millones de coronas suecas (equivalentes a unos 1570 millones de coronas actuales) para crear un fondo de crédito ferroviario donde el Enskilda Banken podía pignorar sus bonos, lo que a su vez salvó las finanzas de la entidad. Esto permitió realizar importantes inversiones en la industria, incluidas las adquisiciones de AB Atlas y ASEA; ambas empresas prosperaron rápidamente al adjudicarse contratos gubernamentales para la expansión de las redes ferroviarias y eléctricas en todo el país.


En palabras del propio Marcus Wallenberg Jr., la situación se describe así:


"El Stockholms Enskilda Bank experimentó entonces una transformación radical: captó depósitos de gran volumen para la época y comenzó a impulsar actividades industriales. Desde aquel momento, la financiación de la industria sueca se ha canalizado, en gran medida, a través de los bancos suecos".


Sin embargo, el cambio que describe Marcus Wallenberg Jr. no está vinculado en sí mismo a la fundación del banco privado: fue una característica general del desarrollo de los bancos comerciales en Suecia, así como en otros países capitalistas. Esta transformación integral estaba directamente relacionada con la etapa industrial —entonces novedosa— del proceso de desarrollo capitalista, la cual exigía al sistema bancario esfuerzos totalmente distintos a los anteriores.


El surgimiento de una industria nacional requería grandes inversiones de capital en las nuevas fábricas, minas, etc. El alcance cada vez mayor de la actividad industrial exigía, a su vez, una necesidad constante de capital invertido; de ahí la necesidad de un tipo de banco «nuevo».


Los bancos comerciales eran responsables de gran parte de la movilización del capital monetario necesario para el capitalismo, el cual se acumulaba en diversos sectores de la sociedad. Pero, al mismo tiempo, se produjo un cambio en su propia posición dentro del proceso capitalista. Los bancos suecos experimentaron la misma transformación que los bancos comerciales de otros países: «de modestos intermediarios a monopolistas todopoderosos que controlan casi todo el capital monetario de los capitalistas y pequeños empresarios, así como la mayoría de los medios de producción y fuentes de materias primas de un país determinado y de toda una serie de países» (Lenin).


b) Intervención estatal en la economía para adaptarse al creciente papel de la banca


Para consolidar su posición como un tipo de banco «nuevo», se recurrió a la intervención estatal en la mayor medida posible. Durante la siguiente generación de los Wallenberg, la familia se convirtió en una de las más poderosas del país en el ámbito financiero, gracias a una combinación de actividades financieras y políticas. Knut Wallenberg (1853-1938), hijo de André Oscar, asumió la dirección general del banco en 1886 y fue durante mucho tiempo concejal de Estocolmo y miembro de la Primera Cámara del Parlamento. En el gobierno de 1914-1917, Knut Wallenberg ocupó el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores. Su hermano, Gustaf Wallenberg (1863-1937), inició su carrera en el banco, fue miembro de la Segunda Cámara entre 1900 y 1906 y ejerció como diplomático. Oscar Wallenberg (1872-1939), al igual que los demás, también desarrolló una actividad bancaria y más tarde llegó a ser director ejecutivo de la empresa estatal AB Svenska Tobaksmonopolet. Fue concejal del ayuntamiento de Estocolmo durante algunos años. Axel Wallenberg (nacido en 1874) ejerció como ministro de Suecia en Washington entre 1921 y 1926.


Estos cargos y relaciones con el Estado resultarían de gran importancia tanto para el mercado nacional como, especialmente, para el comercio exterior. Las empresas controladas por la familia Wallenberg experimentaron un gran auge a principios del siglo XX y durante la Primera Guerra Mundial, cuando los acuerdos estatales permitieron unas relaciones comerciales generosas tanto con Occidente como con Rusia, a pesar de que el mercado ruso era, por lo demás, proteccionista.


En 1913, las exportaciones a Rusia ascendían a solo 32 millones de coronas —un 3,97 % del total de las exportaciones suecas—; sin embargo, dado que aumentaron con gran rapidez y dependían en gran medida de grandes empresas del sector de la ingeniería de productos de alto valor añadido, constituyeron un factor dinámico en el desarrollo de la familia Wallenberg. Rusia se convirtió rápidamente en el mayor comprador de motores y maquinaria —especialmente agrícola— y en el segundo mayor comprador de teléfonos. El año anterior a la guerra, el mercado ruso representaba el 28 % de las exportaciones suecas de productos de ingeniería (¡más que la suma de los tres países siguientes!), al tiempo que empresas como Husqvarna, Asea y Atlas, entre otras, se encontraban en pleno proceso de establecimiento de filiales y sucursales en Rusia. La familia participó en esta iniciativa desde una etapa temprana, sobre todo a través de la industria telefónica. Ya a principios de siglo, Marcus Wallenberg padre albergaba la esperanza de que esto allanara el camino para exportaciones a mayor escala hacia Rusia, mientras que Gustaf Wallenberg, en su calidad de parlamentario, impulsaba la creación de conexiones regulares de barcos de vapor entre Suecia y Rusia. Entre los clientes de Enskilda Banken que establecieron sucursales en Rusia poco antes de la guerra figuraban, además de ASEA y AB Atlas, la compañía Nordiska Kompaniet, que durante mucho tiempo llevó a cabo una exitosa actividad de venta de artículos de lujo en San Petersburgo y Moscú.


El cabeza de esta generación de la familia era Marcus Wallenberg padre, conocido como el «Gobernador». Inició su carrera en Enskilda Banken y fue nombrado director ejecutivo en 1911. Aunque Marcus Wallenberg padre no ocupó ningún cargo parlamentario, desempeñó importantes funciones de carácter estatal. En 1919 fue designado para representar los intereses económicos de Suecia en las negociaciones de paz; esto dio lugar a su participación en conferencias económicas en Bruselas y Génova, así como a su integración en el Comité Financiero de la Sociedad de Naciones entre 1920 y 1930.


La cuestión alemana también desempeñó un papel fundamental. Tras la Primera Guerra Mundial, Marcus Wallenberg padre asumió la presidencia del comité encargado de evaluar las cargas impuestas a la industria alemana y las entregas en especie de Alemania. Asimismo, formó parte de los tribunales encargados de resolver litigios relacionados con el Plan Dawes y el Plan Young (programas de pago de las reparaciones de guerra alemanas tras la Primera Guerra Mundial). En 1931, fue nombrado además experto del gobierno alemán para la reestructuración de la banca del país.


En estos comités, delegaciones comerciales y otros organismos, el Estado y el capital monopolista colaboran en la gestión de los asuntos de este último. En algunos casos, esta interrelación llega a tal extremo que ambas partes terminan fusionándose casi por completo.


c) Mayor expansión y monopolización


Un hito importante para el grupo Wallenberg —en pleno crecimiento y consolidación de su papel dominante en el mundo empresarial sueco durante las crisis financieras de los años veinte y treinta— fue el colapso del imperio Kreuger. El principal competidor de los Wallenberg en aquella época, Ivar Kreuger —propietario, entre otros activos, del mayor monopolio mundial de cerillas (con 250 fábricas en 43 países)—, se declaró en quiebra a raíz del crac bursátil de Wall Street en 1929. El capital del grupo Kreuger procedía en gran medida de préstamos concedidos por especuladores bursátiles estadounidenses; al producirse el desplome de la bolsa, Kreuger se vio incapaz de reembolsar dichos créditos. La consecuencia del colapso de Kreuger fue el cierre de la Bolsa de Estocolmo y la aparición de ventas por pánico entre los inversores; esto permitió al Stockholms Enskilda Bank comprar a bajo precio todas esas acciones vendidas precipitadamente y, de este modo, adquirir participaciones significativas en la mayoría de los antiguos activos financieros de Kreuger. Este hecho revistió especial importancia para la familia Wallenberg, ya que la expansión del sector industrial —mediante consolidaciones y la absorción de las empresas de Kreuger en la órbita de los Wallenberg, como STAB (posteriormente revendida y rebautizada como Swedish Match) y Ericsson— allanó el camino para la posición de monopolio que observamos hoy en día.


Durante los años de guerra de la década de 1940, la burguesía sueca, encabezada por la familia Wallenberg, también supo enfrentar entre sí a las grandes potencias imperialistas para obtener ventajas. El imperialismo sueco adoptó una «política de neutralidad» y se presentó como un imperialismo «amistoso» con el fin de generar oportunidades de negocio con todas las partes posibles. En este periodo, Marcus Wallenberg Jr. actuó como negociador sueco ante las potencias occidentales, mientras que Jacob Wallenberg (1892-1980) negociaba con la Alemania de Hitler. Esto permitió a Suecia vender mineral de hierro, rodamientos de bolas y otros productos procedentes de industrias en las que la empresa familiar ejercía un dominio casi exclusivo. Detrás de esta situación se encontraba, entre otros factores, el hecho de que Jacob formó parte de la comisión comercial para las negociaciones con Alemania entre 1934 y 1944, y su hermano Marcus presidió durante largo tiempo la Cámara de Comercio Sueco-Británica, integró la delegación de 1939 encargada de negociar con el gobierno británico cuestiones de comercio y transporte marítimo derivadas de la situación bélica y, entre 1939 y 1943, presidió la representación sueca en la comisión permanente sueco-británica sobre comercio en tiempos de guerra.


Durante la llamada Guerra Fría, la familia se benefició de contratos y colaboraciones gubernamentales sumamente ventajosos. Un ejemplo es la colaboración de Ericsson con la empresa estatal Televerket: las inversiones públicas allanaron el camino para que la compañía expandiera la red telefónica por todo el país, mientras que los recursos estatales se destinaban al desarrollo de tecnologías de telecomunicaciones que Ericsson podía vender posteriormente en el extranjero. Otro ejemplo son los encargos gubernamentales a ASEA para la expansión de la energía nuclear (a través de Asea-Atom), mediante los cuales las empresas del grupo Wallenberg construyeron la mayoría de los reactores nucleares del país. Esto, sumado a los pedidos estatales de equipamiento militar a SAAB, hizo que hacia 1969 casi uno de cada cuatro trabajadores industriales suecos estuviera empleado en empresas del grupo Wallenberg.


A finales del siglo XX, las empresas Wallenberg representaban aproximadamente el 40 % del valor de las exportaciones suecas. Si se suman las cifras de ventas de las compañías que integraban el grupo Wallenberg durante ese periodo, se obtiene una cifra superior a los noventa mil millones de dólares anuales, una magnitud que supera la de muchas otras corporaciones monopolísticas.


La dimensión del grupo Wallenberg


Es difícil calcular en términos monetarios la relación entre la riqueza total de una familia financiera y su influencia en la sociedad, o establecer una cifra que ilustre de manera precisa la posición de poder de la familia Wallenberg. Toda la información sobre sus actividades bancarias, fundaciones y fortunas personales permite obtener una estimación aproximada del capital sobre el cual la familia ejerce distintos grados de influencia, aunque las cifras varíen drásticamente según el método de cálculo empleado.


Para realizar dicha evaluación, es preciso incluir las participaciones de las fundaciones Wallenberg, los activos de SEB y el capital propiedad del banco o gestionado por este. Asimismo, debe tenerse en cuenta el poder que la familia Wallenberg ejerce —directa e indirectamente— sobre activos productivos mediante participaciones accionariales en otras empresas y, entre otros mecanismos, a través de puestos en los consejos de administración. Esta influencia se extiende mediante filiales, participaciones, comunidades de intereses y acuerdos de cártel. La técnica del capital financiero consiste precisamente en controlar activos de capital muy superiores a la propia inversión inicial, valiéndose de instrumentos como sociedades *holding*, filiales y acciones de control. De este modo, una inversión de cien millones otorga poder sobre miles de millones.


Imagen: Panorama general de la estructura de propiedad dentro del grupo Wallenberg. a) La diferencia entre las acciones de clase A y de clase B


La legislación limita la capacidad de los bancos para mantener una participación accionaria directa. En consecuencia, los bancos deben constituir las denominadas sociedades *holding* y financieras (Investor, FAM, etc.); a través de ellas, los bancos poseen o controlan participaciones decisivas en el capital de varias de las mayores empresas de Suecia. Así pues, las sociedades *holding* constituyen la forma más importante de participación de los bancos en la propiedad del sector industrial. Su única función es gestionar la propiedad, es decir, las acciones y otros valores. Mediante el establecimiento de una amplia red de participaciones de control en las mayores sociedades anónimas, las sociedades *holding* de los bancos pueden llegar a poseer o controlar sectores industriales enteros. Este sistema está especialmente desarrollado en torno a la sociedad AB Investor, del grupo Wallenberg, que posee participaciones no solo en sus propias filiales, sino también en diversas sociedades anónimas independientes. La forma en que el banco de los Wallenberg ejerce un enorme control con la menor inversión de capital posible ha sido ilustrada por una investigación gubernamental sobre la concentración empresarial (SOU 1968:3):


"Supongamos que el 20 por ciento de los derechos de voto basta para otorgar el 'control operativo' —es decir, el control efectivo— sobre una empresa, y que los derechos de voto equivalen al número de acciones. Supongamos además que la persona X posee el 20 por ciento del capital social de la empresa A, la cual a su vez posee el 20 por ciento del capital social de la empresa B, que a su vez posee el 20 por ciento del capital social de la empresa C. De este modo, X controla las empresas A, B y C. Su participación en el capital social de A es del 20 por ciento; en el de B (a través de A), del 4 por ciento (0,20 x 0,20 = 0,04); y en el de C, de tan solo el 0,8 por ciento (0,20 x 0,20 x 0,20 = 0,008)


Supongamos que el capital social de las tres empresas es de 1 millón de SEK cada una, sumando un total de 3 millones de SEK. En ese caso, X puede lograr el control efectivo de las tres empresas con una aportación de capital de 200.000 SEK (equivalente al 7% del capital social total de la empresa), lo cual contrasta con los 600.000 SEK necesarios para una participación directa del 20% en todas las empresas y los 1.500.300 SEK necesarios para una participación mayoritaria directa (3 x 500.100).


Si existen series de acciones con diferentes derechos de voto, el ahorro de capital es considerable. Si las acciones de X tienen diez votos en las tres empresas, mientras que las demás solo tienen uno, X puede lograr el control efectivo de todas ellas con una aportación de capital de aproximadamente 25.000 SEK mediante la estructura piramidal. Estos 25.000 SEK representan el 0,8% del capital social total de las empresas. La Ley de Sociedades permite que una clase de acciones de una empresa tenga derechos de voto diez veces superiores. Para algunas empresas, como LM Ericsson y SKF, siguen vigentes las normas anteriores para sociedades de responsabilidad limitada, que permitían derechos de voto mil veces superiores para ciertas acciones.


El sistema de acciones A y B es la segunda explicación de la posición de poder de la familia Wallenberg. En las empresas suecas, existen acciones con diferente poder de voto, e incluso si las acciones pagan el mismo dividendo, una acción A puede tener X votos más en una junta general que una acción B. De esta manera, un propietario de acciones A puede controlar una empresa aunque solo posea una pequeña proporción de las acciones.


Un ejemplo es la empresa de telecomunicaciones Ericsson, donde AB Investor posee solo el 5,3% de las acciones. Pero dado que una gran parte de estas son acciones A, Investor tiene el 21,5% de los votos en la junta general de la empresa. En el enorme monopolio Electrolux, la familia Wallenberg posee el 15% de las acciones, pero tiene más del 30% de los votos.


b) Las Fundaciones Wallenberg


Las fundaciones en general se han convertido en una forma importante no solo de poseer y administrar grandes fortunas, sino también de controlar intereses dentro de ciertas empresas. Estas fundaciones son muy secretas y sus estructuras internas rara vez se divulgan. Nunca antes se había hecho público. Las sociedades holding y financieras mencionadas anteriormente están controladas a su vez por las 16 denominadas «Fundaciones Wallenberg» (donde los miembros de la familia constituyen la mayoría del consejo de administración), la mayor de las cuales es la Fundación Knut y Alice Wallenberg. Para la familia, la propiedad de las fundaciones implica lo siguiente:


Dado que los beneficios de las fundaciones Wallenberg, según sus estatutos, se destinan a la investigación sueca, se consideran de interés público, lo que significa que sus actividades están exentas de impuestos. En 2024, las fundaciones apoyaron la investigación sueca con 2.900 millones de coronas suecas, mientras que la Fundación Knut y Alice Wallenberg incrementó su patrimonio en aproximadamente 54.000 millones de coronas suecas. A través de las fundaciones, la familia también puede beneficiarse de investigaciones relacionadas con las actividades de las empresas propiedad de los Wallenberg, donde pueden, por ejemplo, invertir en estudios que sean beneficiosos para sus áreas de actividad.


Estas fundaciones de interés público han desembolsado anualmente sumas superiores a diez millones de coronas suecas a miembros de la familia. En quince de las dieciséis fundaciones, se han desembolsado sumas superiores a diez millones de coronas suecas anualmente. En algunos casos, la Junta Administrativa del Condado verifica que las actividades de las fundaciones sean verdaderamente de "beneficio público". Sin embargo, en el decimosexto caso, la Fundación Knut & Alice Wallenberg, no se realiza ningún control, ya que está exenta del control estatal.


Una fundación tampoco enfrenta los mismos peligros que las sociedades de responsabilidad limitada: las sociedades de responsabilidad limitada sobrevaloradas o infravaloradas pueden correr el riesgo de una "adquisición hostil". Esto significa que una empresa compra y se hace cargo de las operaciones de otra empresa en contra de la voluntad de la administración de la empresa afectada. Por ejemplo, el inversor de capital riesgo Christer Gardell compró 8 millones de acciones de Volvo AB en 2006 y luego exigió que la empresa liquidara sus activos y distribuyera el dinero entre los accionistas. Al depositar sus activos en fundaciones, la esfera Wallenberg evita este riesgo.


Otra ventaja de las fundaciones Wallenberg es que el patrimonio no se pierde al transmitirse las herencias. El hecho de que los activos no se hayan dividido y que la familia haya mantenido su poder de forma continua a través de las generaciones es algo que recuerda a una dinastía medieval.


Por lo tanto, existen sólidos argumentos para afirmar que las fundaciones constituyen una parte importante del mantenimiento del poder de la familia Wallenberg en la economía sueca. Esto también se afirma en la investigación sobre la concentración estatal de 1968: «Salvo contadas excepciones, se puede suponer que este tipo de fundaciones se crearon para que la familia donante pudiera mantener más fácilmente el control sobre las empresas en cuestión».


Intervenciones estatales en la vida económica


«Ya sea que un Estado burgués persiga una política de adquisición de colonias o de lucha por la dominación mundial, una política de libre comercio o una política arancelaria proteccionista, toda política de este tipo constituye una intervención estatal en la vida económica que los Estados burgueses han practicado durante mucho tiempo para proteger los intereses de su burguesía. Dichas intervenciones han desempeñado un papel importante en el desarrollo del capitalismo».


—Una vez más, sobre las diferencias entre el camarada Togliatti y nosotros, «Algunos problemas importantes del leninismo en los tiempos modernos», Consejo Editorial de la revista Hongqi, Pekín, marzo de 1963.


Los Estados siempre han intervenido en la vida económica para proteger a una determinada clase y sus intereses. Las medidas mencionadas anteriormente para «detener» las crisis o «salvar» a los capitalistas monopolistas de ellas tienen un objetivo común: que el aparato estatal satisfaga la demanda decreciente de un mercado cada vez más incapaz de satisfacer a los monopolios privados. En todos los países capitalistas, el aparato estatal ha adquirido un papel económico cada vez más importante en este ámbito. Su función principal es garantizar un mercado rentable con producción no competitiva y condiciones altamente favorables, entre otras cosas, como comprador de los productos de los capitalistas monopolistas.


Un ejemplo particularmente claro de esto se encuentra en el contexto del rearme militar de Suecia. Hoy en día, la familia Wallenberg está obteniendo enormes beneficios mediante la producción de material bélico. La Fábrica Sueca de Material de Defensa es uno de los clientes más fieles de SAAB, propiedad de Wallenberg. La empresa ha recaudado miles de millones de coronas suecas para desarrollar y equipar al ejército sueco. Solo en los últimos meses de 2025, se realizaron pedidos, entre otros, de sistemas de radar, radares de localización de artillería y recursos para el desarrollo de los aviones Gripen, por un valor total de 6.750 millones de coronas suecas. También se adquirieron soluciones de defensa aérea por valor de 2.100 millones de coronas y sistemas para vehículos por valor de 1.000 millones de coronas, entre otros.


En el marco del presupuesto de otoño de 2011 del gobierno de entonces, se decidió adquirir nuevos aviones de combate JAS de SAAB por varias decenas de miles de millones de coronas. Esta decisión fue crucial para la nueva generación de aviones Gripen y, por ende, para todo el Grupo SAAB. Poco después del anuncio, el precio de las acciones subió unos 20 millones de coronas, lo que supuso un incremento de 2.000 millones de coronas para la empresa de Wallenberg.


Otro ejemplo de cómo el Estado garantiza este tipo de mercado es la gran empresa minera LKAB. La empresa representaba un riesgo demasiado grande para que el monopolio la asumiera, razón por la cual la operación minera fue nacionalizada. Sin embargo, el monopolio de la esfera de Wallenberg aún controla las operaciones y la gran mayoría de las compras de LKAB. Marcus Wallenberg hijo fue presidente de LKAB entre 2011 y 2014.


Como ejemplos de este monopolio de compras, cabe mencionar el acuerdo marco firmado en 2014 entre Atlas Copco y LKAB para la adquisición de equipos de perforación, herramientas y servicios relacionados. También se firmó un acuerdo con ABB para la instalación de grúas en las minas, que se completó en 2025. Además, en 2025 se suscribieron acuerdos con Epiroc y ABB para la adquisición de diversas herramientas digitales para operaciones mineras, y LKAB compró instrumentos de medición a SKF. Mediante este sistema, los Wallenberg se apropian de enormes sumas del presupuesto estatal, que, entre otras cosas, destinan a sus grupos industriales.


Monopolio estatal


«El capitalismo monopolista estatal es un capitalismo monopolista en el que el capital monopolista se ha fusionado con el poder político del Estado. Al utilizar plenamente el poder estatal, se acelera la concentración y acumulación de capital, se intensifica la explotación de la clase trabajadora, se intensifica la absorción de las pequeñas y medianas empresas y se asegura la absorción de ciertos grupos capitalistas monopolistas por otros, en beneficio del capital monopolista con fines internacionales, para la competencia y la expansión. Bajo el pretexto de la "intervención estatal en la vida económica" y la "resistencia al monopolio", y utilizando el nombre del Estado para engañar, transfieren astutamente enormes ganancias a los bolsillos de los grupos monopolistas mediante métodos secretos».


- (Una vez más, sobre las diferencias entre el camarada Togliatti y nosotros)


Ya hemos explicado que la familia Wallenberg ha actuado durante mucho tiempo en connivencia con el Estado sueco. Por lo tanto, creemos que el círculo de Wallenberg pertenece a la facción monopolista estatal dentro de la burguesía imperialista. Esto significa que el monopolio utiliza al Estado como palanca para impulsar el beneficio económico. Mediante la intervención estatal en la vida económica, también se garantiza el capital para la expansión y el comercio exterior, y es precisamente a través de esta imposición en los mercados extranjeros que el monopolio puede sobrevivir y posponer las consecuencias inevitables de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia.


En una entrevista de hace unas semanas, Jacob Wallenberg Jr. expuso con gran claridad la visión que la familia tiene sobre el Estado. La conversación giraba en torno a las infraestructuras y a lo extraño que resulta que Suecia no cuente con una autopista de cuatro carriles entre Estocolmo y Gotemburgo. En otros países existen estaciones de peaje para circular por autopistas de propiedad totalmente privada —un modelo presente, por ejemplo, en el continente europeo y en Noruega—, lo que permite disponer de autopistas más grandes y mejores; en cambio, en Suecia, la financiación de las infraestructuras se realiza únicamente a través de los impuestos.


El Estado no tiene recursos suficientes para construir una autopista de cuatro carriles entre Estocolmo y Gotemburgo. El capital estatal es insuficiente; Jacob opina que, si se adoptara el sistema de peajes, el capital privado podría intervenir para ayudar a financiar la obra, permitiendo incluso la venta de autopistas para resolver el problema de la inversión en infraestructuras cuando el Estado carece del capital necesario.


La afirmación de que el Estado no dispone de capital suficiente para financiar grandes proyectos es falsa; Jacob la utiliza para justificar sus propios intereses. El Estado sí cuenta con capital, pero en su seno conviven distintas facciones de la burguesía —algunas afines a la familia Wallenberg y otras no—, lo que genera disputas sobre cómo y dónde priorizar el uso de esos fondos públicos. Cuando el capital no se destina a los intereses de los Wallenberg y las operaciones empresariales permanecen en manos privadas, la familia busca superar a sus competidores; en cambio, cuando los aliados de la familia ocupan las riendas del Estado, esta se muestra satisfecha de poder influir en la dirección que se toma.


Por otro lado —y esto es importante—, él sostiene que, si «dejáramos suelta a la política» y diéramos vía libre a los políticos, acabaríamos en una situación similar a la de Francia, donde la deuda pública supera el 100 % del PIB (mientras que en Suecia ronda el 30 %). Por tanto, según Jacob Wallenberg Jr., Suecia aplica «buenos principios» en lo que respecta a la propiedad estatal.


«Estamos anclados en una tradición en la que el Estado recauda impuestos y, en su sabiduría, decide dónde emplear ese dinero». La pregunta de Jacob Wallenberg Jr. es sencilla: ¿cómo podemos aumentar la inversión en infraestructura cuando no hay suficiente capital de propiedad estatal?


La respuesta es igual de simple: se permite que el capital privado dirija y controle las inversiones en infraestructura y, por ejemplo, que prometa devolver una determinada cantidad al Estado en forma de impuestos o sistemas de tarifas, como los peajes. Mediante este procedimiento, ellos mismos también han obtenido importantes beneficios económicos.


Por tanto, a Jacob Wallenberg Jr. no le preocupa que el Estado tenga el control total de la infraestructura o de las empresas; como él mismo afirma, lo interesante es la forma en que se cobra por ello. Si no es posible obtener un beneficio razonable de una inversión, Jacob (y sus amigos en el parlamento) consideran que el capital privado debe intervenir y "gestionar el negocio" para hacerlo rentable.


Es a través de intervenciones de este tipo como la familia Wallenberg ha logrado fortalecer y mantener su posición de poder en la economía sueca. La relación con el Estado sueco fue lo que hizo viable a este grupo empresarial frente al de Ivar Kreuger —perteneciente a la facción del monopolio privado—, el cual dependía del capital privado y del monopolio como principales motores económicos. Cabe señalar que el grupo Kreuger no solo dependía de los beneficios de sus operaciones, sino también de los préstamos de agentes de bolsa de Wall Street para impulsarse. Cuando estos colapsaron durante la crisis de la década de 1930 y nadie pudo avalar a las empresas, estas fueron adquiridas por el monopolio estatal.


El imperialismo sueco se enfrenta a crisis que no puede resolver


La facción del monopolio estatal dentro de la gran burguesía sueca está constituida por el clan económico más poderoso; gracias a su capital, puede utilizar al Estado como herramienta para asegurar su posición de monopolio frente a la competencia, así como para expoliar el erario público y convertirlo, en la práctica, en su propio capital de riesgo y de reserva. Si sus inversiones tienen malos resultados, puede recurrir a la intervención estatal; si una inversión conlleva demasiado riesgo, puede obtener financiación pública. Esto significa que la facción del monopolio estatal dentro de la gran burguesía tiene intereses aún mayores en la industria sueca que sus homólogos de clase, ya que puede dominar y expoliar el aparato estatal. Al no defender abiertamente una política de recortes, desregulación y «libre competencia», puede parecer «de izquierdas» y, por tanto, justificar sus políticas como «socialdemócratas» y al servicio de «todo el pueblo», salvaguardando el «Estado de todo el pueblo», que en realidad es el aparato violento de la burguesía sueca


La familia Wallenberg, la más numerosa de la burguesía sueca, tiene influencia en todos los partidos parlamentarios. Sin embargo, su dominio y conexiones se afianzan sobre todo en la socialdemocracia. Por ejemplo, Jacob Wallenberg declaró en varias ocasiones, durante su servicio público, que podía contactar personalmente tanto con el primer ministro como con Magdalena Andersson (a quien menciona por su nombre) cuando un periodista le preguntó si tenía el número del primer ministro. La facción estatal monopolista está representada políticamente por los socialdemócratas y sus seguidores, como el Partido de la Izquierda y toda una serie de revisionistas corruptos que, en conjunto, constituyen el basurero de la historia. Estos defienden las intervenciones estatales y las empresas estatales, cuyos esfuerzos, según ellos, podrían resolver las contradicciones fundamentales del capitalismo.


La facción estatal monopolista dentro de la gran burguesía se fortalece durante los periodos de crisis, belicismo y militarización. En esos momentos, consideran necesario que la economía sea más eficiente y siga un plan más unificado. Esto significa que el liberalismo económico y la inacción se ven reemplazados por el control estatal y la austeridad. Cuando la economía atraviesa dificultades, algo que ocurre con creciente frecuencia durante la crisis general del imperialismo, la intervención estatal se convierte en un eficaz paliativo. Esto implica que la política sueca tiende a fortalecer el capitalismo monopolista estatal a expensas del capitalismo privado.


El marxismo entiende que las crisis son el resultado inevitable de las contradicciones inherentes e irresolubles del capitalismo. El apoyo estatal a los monopolistas capitalistas tiene el efecto, a corto plazo, de aumentar la demanda cuando estos "aseguran" un mercado. Pero el dinero utilizado para financiar las intervenciones estatales no surge de la nada. Para obtener los fondos necesarios, se imponen cargas impositivas cada vez mayores a la clase trabajadora. De esta manera, el Estado absorbe el poder adquisitivo de las masas y puede posponer la crisis. Para que las intervenciones estatales en la economía tengan algún impacto, deben, como las inyecciones de medicamentos, incrementarse constantemente en intensidad y frecuencia para mantener su efecto. Esto significa que el Estado se ve obligado a restringir cada vez más el poder adquisitivo de las masas para inyectar dinero en forma de un mercado “garantizado” al servicio de los monopolios privados.


Las demás medidas estatales tampoco podrán resolver el problema de mercado para los monopolios. La solución del Estado capitalista implica que las cargas de la crisis deben ser asumidas por quienes trabajan, es decir, que su poder adquisitivo se ve absorbido, lo que agudiza la contradicción entre producción y consumo (reducción de la demanda); de ahí la necesidad de que el Estado vuelva a “garantizar” el mercado. Algunos lo denominan “privatización de las ganancias y socialización de las pérdidas”.


Cuando una crisis económica golpea el sistema capitalista, corresponde a los capitalistas comenzar a invertir en mano de obra, materias primas y maquinaria. Todo el sistema depende de la posibilidad de reactivar la economía. Especialmente durante las crisis, el Estado fomenta la inversión mediante condiciones favorables. Sin embargo, el aumento de las ganancias y la tasa de empleo resultantes son solo una parte de estas inversiones. Por otro lado, las inversiones también desarrollan la capacidad productiva. En la esencia misma del auge reside, por lo tanto, la semilla de su opuesto: la sobreproducción, la caída de las inversiones y la disminución del poder adquisitivo, lo que a su vez sienta las bases para una nueva crisis.


Por consiguiente, las medidas estatales no pueden resolver las contradicciones del capitalismo. Esto resulta evidente al considerar el desarrollo a largo plazo. De hecho, las intervenciones estatales tienen un impacto limitado en el funcionamiento del capitalismo. No pueden generar un auge ni prevenir una crisis, pero sí pueden acelerar un auge temporal o retrasar una crisis.


Desde que existe el sistema capitalista de producción, este también ha sufrido crisis económicas. Estas crisis se manifiestan en forma de sobreproducción, donde los trabajadores no pueden permitirse comprar los bienes producidos y, por lo tanto, los capitalistas no pueden deshacerse de ellos. La contradicción fundamental del sistema capitalista de producción, de la que se derivan las crisis, es la contradicción entre el carácter social de la producción y la propiedad privada. Esta contradicción se agudiza al máximo con todas las medidas estatales de “lucha contra la crisis”, que no buscan resolver los problemas centrales de las crisis, sino simplemente encubrir los síntomas.


Para poner fin de una vez por todas a todas las crisis económicas del capitalismo, es preciso derrocar el orden existente y arrancar de raíz el sistema de producción capitalista en su totalidad. Se trata de una necesidad urgente. Cuando se agudizan las contradicciones fundamentales del capitalismo, también se agudizan todas las demás contradicciones internas del sistema; esto conlleva que las futuras crisis económicas sean aún mayores y más devastadoras que las anteriores. Si los capitalistas no logran eludir las crisis económicas por otras vías, intentarán «resolverlas» desencadenando nuevas guerras de redistribución.


Por consiguiente, debemos aceptar y comprender el análisis de la situación internacional expuesto por el Presidente Mao:


«Los próximos cincuenta o cien años constituirán una gran época de cambios radicales en los sistemas sociales de todo el mundo, un periodo de convulsiones sin precedentes en la historia. Nosotros, que vivimos en una época así, debemos estar preparados para lanzarnos a grandes luchas que diferirán considerablemente, en su forma, de las luchas del pasado».


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Tuesday, July 28, 2026

Kommunisten@riseup.net!: Overview of the Wallenberg Sphere

 

Overview of the Wallenberg Sphere

| English

Image: Knut and Alice Wallenberg

We will now describe one of the most influential financial families in Sweden—their history, how they operate, and how they preserve their wealth. We will also use the Wallenberg family as a practical example of how state monopolism is exercised as part of Swedish imperialism.

For over 150 years, the Wallenberg family has held key positions in industry, politics, banking, and other lucrative sectors. According to a 2018 report by the think tank Katalys, the Wallenberg sphere controls nearly 2,000 billion kronor (approximately 40% of the total value of the Stockholm Stock Exchange!). To trace the development of this vast monopoly over which the family reigns, this article will review some of the activities of previous generations (and here it may be a bit difficult to keep track, as many of them, in keeping with customary dynastic practices, share the exact same name). The focus, however, is on describing the Wallenberg family’s current position of power.

As mentioned, two names recur throughout the history of the Wallenberg family, and to make things easier for the reader, we will now introduce all the different Marcus and Jacob Wallenbergs mentioned in the text:

  • Marcus Wallenberg senior (1864 – 1943)
  • Marcus Wallenberg junior (1899 – 1982)
  • Marcus Wallenberg den yngre (1956 – ?)
  • Jacob Wallenberg (1892 – 1980)
  • Jacob Wallenberg junior 1 – Current chairman of Investor and the Confederation of Swedish Enterprise (1956 – ?)
  • Jacob Wallenberg junior 2 (1992 – ?)

This article is based primarily on information from printed sources, which means we are limited to a broad overview. Not even the formal power expressed through wealth, board positions, executive roles, and the like has been fully depicted. Unfortunately, we will not be able to describe the entire real power struggle behind the scenes—which determines who decides what and how, which groups trample on others and move forward, and which ones are crushed in the fierce battle over who gets to be the boss—as thoroughly as would actually be necessary. The facts we are about to present, however, will expose the immense power concentrated in the hands of a few magnates in capitalist society.

The development of the monopoly

a) Banking operations

The history, current activities, and influence of the Wallenberg family in Swedish society are so closely intertwined with Stockholms Enskilda Bank (the predecessor of the Wallenberg-owned banking giant SEB) that the family and its bank should really be considered together. The relationship between them can be explained by the fact that the Wallenberg financial family uses the bank as a base from which to venture into industry. It is with the bank as their starting point that they then found or acquire a number of the country’s leading large companies, such as: ASEA (now known as ABB), Electrolux, Ericsson, SAAB-Scania, Svenska kullagerfabriken (SKF), and so on. In a letter from 1900, Marcus Wallenberg Sr. wrote the following, which provides a telling description of the family’s position regarding the bank:

”“You are aware of the bank’s character as a family institution. The Wallenberg element must remain predominant there as long as there are members of this family who are suited to business.”

The first financier in the Wallenberg family—a line of priests and bishops—was André Oscar Wallenberg (1816–1886). In their family biography, André is described as “the pioneer of the Swedish banking system.” He began his business career in Sundsvall, where he helped found the Sundsvall and Hudiksvall branch banks, before going on to establish Stockholms Enskilda Bank in 1856. André was actively involved in political life. He served on the Stockholm City Council and later as a member first of the House of the Burghers and later of the First Chamber. He was also a member of the Banking Committee and exerted significant influence on banking legislation.

In the early years, Enskilda Banken managed its finances primarily by purchasing government bonds related to, among other things, railroad construction for ore transport. In the late 1870s, an economic crisis struck, causing railroad expansion to decline drastically on top of reduced demand for key Swedish exports such as lumber and iron. As a result, the railroad companies became unable to pay their interest, while Wallenberg was unable to sell the bonds. Despite this situation, Wallenberg—through his close ties with then-Finance Minister Gripenstam—was able to secure a full-scale government bailout for the bank, which meant that the National Debt Office lent 23 million Swedish kronor (equivalent to approximately 1.57 billion SEK today) to establish a railway loan fund through which Enskilda Banken could pledge its bonds as collateral, thereby stabilizing the bank’s finances. This enabled major investments in industry, including the acquisition of AB Atlas and ASEA, both of which were able to quickly amass wealth by winning government contracts for the expansion of the railway and electrical grids, respectively, throughout the country.

In Marcus Wallenberg Jr.’s own words, this is described as follows:

”Stockholms Enskilda Bank underwent a complete transformation in this regard, attracted large deposits by the standards of the time, and began financing industrial operations. Since then, it has largely been through the Swedish banks that Swedish industry has been able to secure financing.”

However, the change described by Marcus Wallenberg Jr. is not in itself linked to the founding of Enskilda Bank: it was a general trend in the development of commercial banks in Sweden, as well as in other capitalist countries. This complete transformation was directly linked to the then-new industrial phase in the capitalist development process, which demanded entirely different contributions from the banking system than before.

The emergence of a domestic industry required large capital investments in new factories, mines, and so on. The ever-increasing scale of industrial activity, in turn, led to a constantly growing need for invested capital, hence the need for a “new” type of bank.

Commercial banks accounted for a large part of the mobilization of the monetary capital necessary for capitalism, which was accumulated in various parts of society. But at the same time, their own position within the capitalist process underwent a change. Swedish banks underwent the same transformation as commercial banks in other countries: ”from modest middlemen into powerful monopolies having at their command almost the whole of the money capital of all the capitalists and small businessmen and also the larger part of the means of production and sources of raw materials in any one country and in a number of countries.” (Lenin)

b) Government intervention in the economy to accommodate the growing role of the banks

To establish its position as a “new” type of bank, the company relied on government intervention to the greatest extent possible. Over the next generation, the Wallenbergs evolved into one of the most powerful financial families in the country through a combination of financial and political activities. André Oscar’s son, Knut Wallenberg (1853–1938), became CEO of the bank in 1886 and served for many years as a member of the Stockholm City Council and the First Chamber. Knut Wallenberg served as Minister of Foreign Affairs in the government from 1914 to 1917. His brother, Gustaf Wallenberg (1863–1937), began his career at the bank, served as a member of the Second Chamber from 1900 to 1906, and worked as a diplomat. Oscar Wallenberg (1872–1939), like the others, also worked in banking and later became CEO of the state-owned AB Svenska Tobaksmonopolet. He served on the Stockholm City Council for several years. Axel Wallenberg (b. 1874) was the Swedish ambassador to Washington from 1921 to 1926.

These positions within, and relationships with, the government would prove to be of great importance for both the domestic market and, in particular, foreign trade. The companies controlled by the Wallenberg family at that time experienced a major boom in the early 1900s and during World War I, when government agreements allowed for generous trade relations both with the West and with Russia, despite Russia’s otherwise protectionist market.

In 1913, exports to Russia amounted to only 32 million kronor, or 3.97% of total Swedish exports, but since they grew quite rapidly and were largely concentrated among large companies in the high-value-added engineering industry, they were nonetheless a dynamic factor in the Wallenberg family’s development. Russia quickly became the largest buyer of engines and machinery—especially those for agriculture—and the second-largest buyer of telephones. In the year before the war, the Russian market accounted for 28% of Swedish exports of engineering products (more than the next three countries combined!), while companies such as Husqvarna, Asea, and Atlas were in the process of establishing Russian subsidiaries and branches. The family became involved in this matter early on, primarily through the telephone industry. As early as the turn of the century, Marcus Wallenberg Sr. had hoped that this would pave the way for exports to Russia on a larger scale, while Gustaf Wallenberg, as a member of the Riksdag, submitted a motion aimed at establishing regular Swedish-Russian steamship connections. Among the clients of Enskilda Banken that established Russian branches shortly before the war were, in addition to ASEA and AB Atlas, also Nordiska Kompaniet, which for a long time conducted highly successful sales of luxury goods in St. Petersburg and Moscow.

The head of this generation of the family was Marcus Wallenberg Sr., known as “Häradshövdingen.” He began his career at Enskilda Banken and was appointed CEO in 1911. Marcus Wallenberg Sr. did not hold a seat in parliament, but nevertheless had extensive government responsibilities. In 1919, he was appointed to represent Sweden’s economic interests at the peace negotiations, which led to his participation in economic conferences in Brussels and Genoa, as well as his service as a member of the League of Nations’ Financial Committee from 1920 to 1930.

The German question also played a major role. After World War I, Marcus Wallenberg Sr. became chairman of the committee on German industrial liabilities and Germany’s payments in kind. He also served as a member of the tribunals responsible for adjudicating disputes concerning the Dawes Plan and the Young Plan (repayment plans for Germany’s war reparations following World War I). In 1931, he was appointed by the German government as an expert on the reconstruction of German banks.

In these committees, trade delegations, and the like, the state and monopoly capital collaborate in the management of the latter’s business affairs. In some cases, this intertwining goes so far that the two merge more or less completely.

c) Further expansion and monopolisation

A major turning point for the Wallenberg sphere—as it emerged and assumed an increasingly dominant role in Swedish business during the financial crises of the 1920s and 1930s—was the Kreuger crash. The Wallenbergs’ biggest competitor during this period, Ivar Kreuger—who, among other things, owned the world’s largest matchstick monopoly (250 factories in 43 countries)—went bankrupt in connection with the Wall Street crash of 1929. The Kreuger Group’s capital consisted largely of loans from American stock market speculators, and when the stock market crash hit, Kreuger was unable to repay the loans.

The Kreuger crash led to the closure of the Stockholm Stock Exchange and triggered a panic sell-off among investors, which enabled Stockholms Enskilda Bank to buy up all these panic-sold shares at a bargain price and thereby acquire significant stakes in the majority of Kreuger’s former financial assets. This was of particular importance to the Wallenberg family, as the expansion of the industrial sector through the consolidation and absorption of Kreuger companies into the Wallenberg sphere—such as STAB (since sold and renamed Swedish Match) and Ericsson—paved the way for the monopoly position we see today.

During the war years of the 1940s, the Swedish upper class—led by the Wallenberg family—was also able to play the major imperialist powers off against one another to gain advantages. Swedish imperialism adopted a “policy of neutrality” and presented itself as a “friendly” imperialist power in order to create business opportunities with every conceivable party. During this period, Marcus Wallenberg Jr. served as Sweden’s negotiator with the Western powers, while Jacob Wallenberg (1892–1980) negotiated with Nazi Germany. This enabled Sweden, among other things, to sell iron ore, ball bearings, and other goods from industries in which the family’s companies were virtually dominant. Behind this lay, among other things, the fact that Jacob was a member of the trade commission for negotiations with Germany from 1934 to 1944, and his brother Marcus served for many years as chairman of the Swedish-British Chamber of Commerce, a member of the 1939 delegation for negotiations with the British government regarding trade and shipping in light of the war situation, and, from 1939 to 1943, chairman of the Swedish representatives on the Permanent Swedish-British Commission on Wartime Trade.

During the so-called “Cold” War, the family benefited from extremely favorable government contracts and partnerships. One example is Ericsson’s partnership with the state-owned Televerket, where government investments paved the way for the company’s expansion of the telephone network throughout the country, while government resources were directed toward the development of telecommunications technology that Ericsson could later sell abroad. Another example is government contracts awarded to ASEA for nuclear power plant construction (Asea-Atom), under which Wallenberg companies built the majority of all nuclear reactors in the country. This, combined with government orders for military equipment from SAAB, meant that nearly one in four Swedish industrial workers was employed by companies within the Wallenberg sphere in 1969.

At the end of the 20th century, Wallenberg companies accounted for approximately 40% of Sweden’s total export value. If one adds up the sales figures for the companies within the Wallenberg sphere during this period, the total exceeds ninety billion dollars a year—more than that of many other monopolistic conglomerates.

The size of the Wallenberg sphere

When it comes to the relationship between a financial family’s total wealth and its influence in society, it is difficult to quantify in monetary terms or to arrive at a figure that arbitrarily illustrates the Wallenberg family’s position of power. However, all the data regarding their banking operations, foundations, and personal fortunes do provide an estimate of the approximate capital over which the family can exert varying degrees of influence—even if these estimates differ drastically depending on how they are calculated.

To make such an assessment, we must take into account the holdings of the Wallenberg Foundations, SEB’s assets, and the capital owned and managed by the bank. In addition, the control over productive assets that the Wallenberg family exercises directly and indirectly through shareholdings in other companies—including, among other things, board seats—must also be factored in. This influence extends through subsidiaries, shareholdings, joint ventures, and cartel agreements. The technique of financial capital is precisely to control capital assets many times greater than its own investment, through, among other things, holding companies, subsidiaries, and controlling stakes in shares. In this way, an investment of 100 million yields power over many billions.

Image: Overview of the ownership structure within the Wallenberg sphere.

a) The difference between A- and B-stocks

Legislation limits banks’ ability to hold shares directly. As a result, banks must establish so-called holding and finance companies (Investor, FAM, etc.), and it is through these entities that banks own or control the decisive controlling stakes in a number of Sweden’s largest companies. Holding companies are thus the most important vehicle for the banks’ ownership interests in industry. Their sole purpose is to manage ownership, i.e., shares and other securities. By establishing an extensive network of controlling stakes in the largest corporations, the banks’ holding companies can either own or control entire industries. This system is particularly well developed around the Wallenbergs’ AB Investor, which holds shares not only in its own subsidiaries but also in various individual corporations. How the Wallenbergs’ bank exercises immense control with the least possible capital investment has been illustrated by a government report on concentration (SOU 1968:3):

“Assume that 20 percent of the voting rights are sufficient to confer “working control”—that is, practical control—over a company, and that the number of voting rights is equal to the number of shares. Further assume that Person X owns 20 percent of Company A’s share capital, which in turn owns 20 percent of Company B’s share capital, which in turn owns 20 percent of Company C’s share capital. X thus controls both A, B, and C. His share of Company A’s share capital is 20 percent, of Company B’s share capital (via Company A) 4 percent (0.20 × 0.200 = 0.04), and of Company C’s share capital only 0.8 percent (0.20 × 0.20 × 0.20 = 0.008).

Suppose that the share capital of each of the three companies is 1 million SEK, for a total of 3 million SEK. In that case, X could, with a capital contribution of 200,000 SEK (equivalent to 7 percent of the company’s total share capital), gain effective control over all three companies. This can be compared to the 600,000 SEK that would be required for a direct 20 percent stake in all companies and the 1,500,300 SEK that would be required for a direct majority stake (3 × 500,100).

If there are classes of stock with different voting rights, the capital-saving effect becomes extremely significant. If X’s shares carry ten votes in all three companies, while all other shares carry only one vote, X can achieve effective control over all the companies through “pyramid building” with a capital investment of approximately 25,000 SEK. This 25,000 kronor corresponds to 0.8 percent of the companies’ total share capital. The Swedish Companies Act permits a class of shares in a company to have ten times the voting rights of other shares. For certain companies, such as LM Ericsson and SKF, the previous rules for limited liability companies still apply, which allowed certain shares to have a thousand times the voting rights of other shares.”

The system of A and B shares is the second reason for the Wallenberg family’s position of power. In Swedish companies, there are shares with different voting weights, and even if the shares pay the same dividend, an A share may carry X more votes at a shareholders’ meeting than a B share. In this way, an owner of A shares can control a company even though they own only a small percentage of the company’s shares.

One example is the telecommunications company Ericsson, in which AB Investor owns only 5.3 percent of the shares. However, since a large portion of these are Class A shares, Investor holds as much as 21.5 percent of the votes at the company’s annual shareholders’ meeting. In the massive monopoly Electrolux, the Wallenberg family owns 15 percent of the shares—but holds over 30 percent of the votes.

b) The Wallenberg Foundations

Foundations in general have become an important means not only of owning and managing large fortunes, but also of controlling interests in certain companies. At the same time, these foundations are highly secretive, and their internal structures are very rarely, if ever, disclosed to the public. The holding and financial companies mentioned above are, in turn, controlled by the 16 so-called “Wallenberg foundations” (in which family members constitute a majority on the boards), the largest of which is the Knut & Alice Wallenberg Foundation. For the family, ownership of these foundations entails the following:

Since the Wallenberg Foundations’ profits, according to their founding documents, are to be allocated to Swedish research, the foundations are considered public-benefit organizations, which means that their activities are tax-exempt. In 2024, the foundations supported Swedish research with 2.9 billion kronor, while the Knut & Alice Wallenberg Foundation increased its assets by approximately 54 billion kronor. Through these foundations, the family can also promote research closely related to the operations of Wallenberg-owned companies, for example by channeling funds into studies that benefit their areas of business.

These “public benefit” foundations have annually disbursed sums exceeding ten million to individuals within the family circle. In fifteen out of sixteen cases, the County Administrative Board verifies that the foundations’ activities are indeed “for the public benefit.” In the sixteenth case, Knut & Alice Wallenberg Foundation, however, no oversight whatsoever is conducted, as it is exempt from government oversight.

Nor does a foundation face the same risks as corporations: overvalued or undervalued corporations may be at risk of a “hostile takeover.” This means that one company buys up and takes over the operations of another company against the will of the management of the targeted company. For example, in 2006, venture capitalist Christer Gardell purchased 8 million shares in Volvo AB and then demanded that the company liquidate its assets and distribute the proceeds to the shareholders. By placing its assets in foundations, the Wallenberg sphere avoids this risk.

Another advantage of the Wallenberg foundations is that the wealth is not lost during the transfer of inheritance. The fact that the assets have not been fragmented and that the family has maintained its power across generations is not unlike a medieval dynasty.

There are, therefore, strong arguments that the foundations play an important role in the Wallenberg family’s maintenance of power in the Swedish economy. This is also noted in the government’s 1968 report on economic concentration: “With few exceptions, foundations of this kind can be assumed to have been established to make it easier for the donating family to retain control over the companies in question.”

Government intervention in economic life

”Whether a bourgeois state pursues a policy of grabbing colonies or of contending for world supremacy, a policy of free trade or of protective tariffs, every such policy constitutes state intervention in economic life, which bourgeois states have long practised in order to protect the interests of their bourgeoisie. Such intervention has played an important role in the development of capitalism.”

– More on the differences between comrade Togliatti and us, ”Some Important Problems of Leninism
in the Contemporary World”
, The Editorial Department of Hongqi (Red Flag), Peking, March 1963.

Governments have always intervened in economic life to protect a certain class and its interests. The measures mentioned above to “stop” crises or “save” the monopoly capitalists from them share a common goal: for the state apparatus to make up for the declining market demand that private monopolies are increasingly unable to meet. In all capitalist countries, the state apparatus has come to play a greater economic role in this regard. The state’s most important role is to guarantee a profitable market with non-competitive production and highly favorable terms, including as a buyer of the monopoly capitalists’ products.

A particularly clear example of this can be seen in the context of Sweden’s military buildup. Today, the Wallenberg family is raking in profits through the production of military equipment. The Swedish Defense Materiel Administration is one of the most loyal customers of SAAB, which is owned by the Wallenberg family. The company has raked in billions for both developing and modernizing the Swedish military. In the final months of 2025 alone, orders were placed for, among other things, radar systems, artillery location radar, and development resources for Gripen aircraft, totaling 6.75 billion kronor. This included an air defense solution worth 2.1 billion kronor and a launch system worth 1 billion kronor, among other items.

As part of the then-current government’s fall budget in 2011, a decision was made to purchase new JAS fighter jets from SAAB for several tens of billions of kronor. The decision was crucial for the new generation of Gripen aircraft and, consequently, for the entire SAAB Group. Shortly after the announcement, the stock price rose by about 20 kronor—representing a 2 billion kronor increase in value for the Wallenberg-owned company.

Another example of the state guaranteeing this type of market is the massive mining company LKAB. The company posed too great a risk for the monopolies to take on themselves, which is why mining operations were nationalized; however, the Wallenberg sphere’s monopolies still control the business and the overwhelming majority of LKAB’s purchases. Marcus Wallenberg Jr. served as chairman of LKAB from 2011 to 2014.

To cite a few examples of the procurement monopoly, we see a 2014 framework agreement between Atlas Copco and LKAB for the purchase of drill rigs, drilling tools, and related services. We also see an agreement with ABB to install cranes in the mines, a project that was completed in 2025. Furthermore, agreements were signed with both Epiroc and ABB for various digital tools related to mining operations in 2025, and LKAB purchased measuring instruments from SKF. Through this arrangement, the Wallenberg family appropriates enormous sums from the national budget, which they, among other things, funnel on to their industrial conglomerates.

State monopolism

”State-monopoly capitalism is monopoly capitalism in which monopoly capital has merged with the political power of the state. Taking full advantage of state power, it accelerates the concentration and aggregation of capital, intensifies the exploitation of the working people, the devouring of small and medium enterprises, and the annexation of some monopoly capitalist groups by others, and strengthens monopoly capital for international competition and expansion. Under the cover of “state intervention in economic life” and “opposition to monopoly”, and using the name of the state to deceive, it cleverly transfers huge profits into the pockets of the monopoly groups by underhand methods.”.

– More on the differences between comrade Togliatti and us

We have now explained that the Wallenberg family has long acted in harmony with the Swedish state. We therefore maintain that the Wallenberg sphere belongs to the state-monopolistic faction within the imperialist big bourgeoisie. This means that the monopoly uses the state as leverage to drive economic profit. State intervention in economic life also secures capital for expansion and trade abroad, and it is precisely through this forced entry into foreign markets that the monopoly can survive and postpone the inevitable consequences of the falling rate of profit.

In an interview from a few weeks ago, Jacob Wallenberg Jr. made the family’s view of the state very clear. The discussion centered on infrastructure and how strange it is that Sweden doesn’t have a four-lane highway between Stockholm and Gothenburg. In other countries, there are toll booths where you pay to drive on entirely privately owned highways—this is the case on the European mainland and in Norway, among other places—and those countries have larger and better highways as a result. In Sweden, we only pay for infrastructure through our tax bills.

In other words, the government cannot afford to build a four-lane highway between Stockholm and Gothenburg. Government funds are insufficient, and Jacob argues that if we had this system of toll stations instead, private capital could step in to help finance the project, and then we could begin selling off highways to solve the problem of infrastructure investment when there isn’t enough government-owned capital.

The claim that the state does not have enough capital to finance major projects is a lie. This is something Jacob says in order to justify his own business activities. There is capital within the state; the problem is that there are various factions of the bourgeoisie within the state—some of whom, for example, favor the Wallenberg family while others do not—and this leads to disputes over how and where to prioritize this state capital. When the capital does not flow in the Wallenbergs’ favor and business operations are transferred to private ownership, the family seeks to outcompete them. When the family’s friends are at the helm of the state, the family is happy to sit alongside them and determine the direction.

On the other hand, he says—and this is important—if we “let politics run wild” and give politicians free reign, we would end up in a situation similar to that in France, where public debt exceeds 100% of GDP (our public debt stands at around 30%). So, according to Jacob Wallenberg Jr., we have “sound principles” in Sweden regarding state ownership.

“We’re stuck in a tradition where the government collects taxes, and the government, in its wisdom, decides how to spend that money.”

Jacob Wallenberg Jr.’s question is simple: How can we increase investment in infrastructure when there isn’t enough capital owned by the government?

The answer is just as simple: Private capital is allowed to manage and control investments in infrastructure and, for example, promise to return a certain amount to the government in the form of taxes or fee systems such as toll stations. Through this process, they have also made a tidy profit for themselves.

Jacob Wallenberg Jr. therefore has no problem with the state having full control over infrastructure or companies; as he himself says, how they charge for their services is what’s interesting. If they can’t make a decent profit on an investment, Jacob (and his friends in the Riksdag) believe that private capital should step in and “run the business” so that it generates a profit.

It is through interventions of this kind that the Wallenberg family has succeeded in strengthening and maintaining its position of power within the Swedish economy. Its relationship with the Swedish state is what has made this sphere viable, in contrast to Ivar Kreuger’s conglomerate, which belonged to the private-monopoly faction and relied on private capital and monopolies as its primary economic driving force. It is clear that the Kreuger Group was dependent not only on profits from its own operations but also on loans from Wall Street speculators to keep itself afloat. When these speculators went under during the crisis of the 1930s and no one could vouch for the companies, they were bought up by the state monopoly.

Swedish imperialism faces crises it cannot resolve

The state-monopolistic faction within Sweden’s upper bourgeoisie consists of the most powerful economic clan, which, through its capital, can use the state as a tool to secure its monopoly position against its competitors and can, moreover, plunder the state treasury and effectively transform it into its own risk and reserve capital. If its investments go poorly, it can call for state intervention; if an investment is too risky, it can obtain state financing. This means that the state-monopolistic faction within the upper bourgeoisie has even greater stakes in Swedish industry than its class counterparts, as it can dominate and plunder the state apparatus. By not openly advocating a policy of cutbacks, deregulation, and “free competition,” it can appear to be “left-wing” and thus justify its policies as “social democratic” and in the service of “the entire people” by safeguarding “the state of the entire people” —which in reality is the Swedish bourgeoisie’s apparatus of violence.

The Wallenberg sphere, as the largest family within the Swedish bourgeoisie, has influence in all parties represented in the Riksdag. However, we can see that its dominance and connections are most deeply rooted within the Social Democratic Party. For example, Jacob Wallenberg has stated on several occasions on public television that he can personally reach both the prime minister and Magdalena Andersson (whom he mentions by name) when asked by a reporter if he “has the prime minister’s number.” The state-monopolist faction is politically represented by the Social Democrats and all those who trail in their wake, such as the Left Party and a whole host of decaying revisionists who together constitute the dustbin of history. These groups praise state interventions and state-owned companies, whose efforts they believe could resolve capitalism’s fundamental contradictions.

The state-monopolist faction within the big bourgeoisie comes to the fore during periods of crisis, warmongering, and militarization. At such times, the economy must be streamlined and follow a more unified plan. This leads to the replacement of all “laissez-faire” and “business as usual” with state control and austerity measures. When the economy is struggling—which it does with increasing regularity amid the general crisis of imperialism—state intervention serves as an effective palliative. Consequently, the trend in Swedish politics is toward the strengthening of state monopoly capitalism at the expense of private monopoly capitalism.

Marxism understands that crises are the inevitable result of the inherent contradictions within capitalism that cannot be resolved. In the short term, state support for monopoly capitalists has the effect of increasing demand as they “secure” a market. But the money used to finance these state interventions does not come out of thin air. To raise the necessary funds, ever-greater tax burdens are imposed on the working class. In this way, the state drains the purchasing power of the masses and is able to postpone the crisis. For state interventions in the economy to have any impact, they must—like drug injections—constantly be increased in strength and frequency to remain effective. This means that the state is forced to increasingly curtail the purchasing power of the masses in order to inject money in the form of a “secured” market that serves the interests of private monopolies.

Nor will the other government measures be able to solve the market problem for the monopolies. The capitalist state’s solution, in fact, means that the burdens of the crises are to be borne by the working people—that is, their purchasing power is drained, leading to a sharpening of the contradiction between production and consumption (reduced demand)—hence the need for the state to once again “stabilize” the market. Some call this the “privatization of profits and the socialization of losses.”

When an economic crisis strikes the capitalist system, capitalists must begin investing in labor, raw materials, and machinery. The entire system depends on the ability to get the gears turning again. Therefore, especially during crises, the state encourages investment by offering favorable terms. However, the resulting increase in profits and employment rates is only one side of these investments. The other side is that these investments also expand productive capacity. The very nature of the upswing therefore contains the seeds of its opposite—namely, overproduction, declining investment, and shrinking purchasing power—which in turn lay the groundwork for a new crisis.

Government measures, therefore, cannot resolve the contradictions of capitalism. This becomes abundantly clear when we look at developments over the long term. The fact is that government interventions have only a minor impact on the functioning of capitalism. They can neither create an upswing nor prevent a crisis; however, they can accelerate a temporary upswing or delay a crisis.

For as long as the capitalist system of production has existed, it has also been plagued by economic crises. These crises take the form of overproduction, in which workers cannot afford to buy the goods produced, and capitalists are therefore unable to sell their goods. The fundamental contradiction in the capitalist system of production, from which these crises stem, is the contradiction between the social character of production and private ownership. This contradiction is exacerbated to the extreme by all state “crisis-fighting” measures, which are not intended to solve the core problems of the crises but merely to patch up the symptoms.

To put an end to all of capitalism’s economic crises once and for all, the prevailing order must be overthrown, and the capitalist system of production must be uprooted in its entirety. This is an urgent necessity. As capitalism’s fundamental contradictions intensify, so do all other contradictions within capitalism, and this means that future economic crises will be even greater and even more devastating than those of the past. If the capitalists cannot escape economic crises by other means, they will attempt to “resolve” them by launching new wars of redistribution.

We must therefore take to heart and understand the summary of the international situation provided by Chairman Mao:

“The next fifty to one hundred years will be a great era of radical changes in social systems throughout the world, a period of upheaval unprecedented in history. We, who are living in such a period, must be prepared to throw ourselves into great struggles that will differ significantly in form from the struggles of the past.”

 

 

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