Las movilizaciones actuales por la “defensa del voto” y las convocatorias de diferentes sectores no se reducen a una simple maniobra de cúpulas oportunistas. Si el pueblo está en las calles es porque hay una situación material objetiva: el deterioro de las condiciones de vida, la profunda crisis económica, el encarecimiento de productos básicos, desempleo e incertidumbre.
Este malestar acumulado y repudio hacia el régimen busca los canales por donde expresarse y demuestra que el pueblo está dispuesto a salir a luchar a las calles, aun bajo convocatorias de oportunistas que ya sabemos cómo van a terminar.
Evidentemente, la disputa por la gobernación de La Paz es, en términos simples, por controlar los cargos públicos y por asaltar sus recursos, nada más que eso.
Sin embargo, nuestro deber como revolucionarios es estar ahí donde está el pueblo luchando y resistiendo, pues las masas son arena de contienda. Ahí es donde debemos batallar por despertar y desarrollar su conciencia política, denunciando y combatiendo a quienes pretenden utilizarlo y arrastrarlo tras banderas reaccionarias, porque de la farsa electoral de la burguesía y su sistema político en descomposición no podemos esperar nada, absolutamente nada bueno para el pueblo.