Después de casi 20 años de ocupación, ¡el pueblo afgano está expulsando a los invasores!
El
15 de julio, la bandera del imperialismo yanqui fue retirada del
edificio de la embajada de Estados Unidos en Kabul, capital de
Afganistán, cuando las fuerzas de la Resistencia Nacional afgana,
lideradas principalmente por los talibanes, tomaron el control de la
ciudad. La expulsión de las tropas invasoras y toda su maquinaria
burocrática de la capital del país se produce casi 20 años después de
que el imperialismo invadiera y derrocara al gobierno talibán. La
aplastante derrota yanqui, humillante por la disparidad de fuerzas
contendientes, representa una de las principales derrotas del
imperialismo en el siglo XXI, y prueba de que su histórica quiebra es, a
pesar de sus armas, inevitable.
La
principal fuerza organizada que integra la Resistencia Nacional Afgana
son los talibanes. Tal Resistencia Nacional fue el frente único,
relativamente desunido y sin vida orgánica propia, que integraba todas
las clases y grupos a favor de la guerra de resistencia nacional como
medio para liberar a la nación de la opresión colonial imperialista.
Después
de hacerse con el control de 26 de las 34 capitales de provincia en
solo una semana y sitiar la capital, los combatientes talibanes ocuparon
el Palacio Presidencial en Kabul, que había sido abandonado por el
gobierno pro estadounidense. Tres “autoridades” afganas estuvieron
presentes en la ceremonia de entrega, transmitida en vivo por el
monopolio de prensa de Al Jazeera en sus redes. Según el diario, la
rendición de la capital se produjo sin enfrentamiento.
Mientras
el títere yanqui en el país, el presidente Ashraf Ghani, huía de
Afganistán alegando que quería “evitar un derramamiento de sangre”,
helicópteros sobrevolaban sin escalas la capital para evacuar a los
empleados de la embajada yanqui. El complejo donde se ubicaba la
Embajada estaba envuelto en humo por la quema de archivos importantes.
El
14 de agosto, cuando las fuerzas de la Resistencia Nacional capturaron
distritos vecinos a la capital, el presidente estadounidense Joe Biden
anunció el envío de 5.000 soldados para ayudar a evacuar a los agentes.
El 15 de junio, el secretario de Defensa, Lloyd Austin, ordenó el envío
de otros 1.000 a Kuwait y los redirigió a Afganistán.
Como
resultado, el número total de soldados estadounidenses en Afganistán
asciende a más de 6.000. Se había anunciado que la retirada final de las
tropas yanquis tendría lugar el 31 de agosto, según lo establecido en
el acuerdo de rendición firmado por Estados Unidos con los talibanes en
febrero de 2020.
Los agentes estadounidenses huyen a toda prisa
Buscando
evitar el efecto catastrófico de otra derrota histórica, muchos
personajes del imperialismo yanqui se pronunciaron buscando aliviar la
humillación. “Esto no es Saigón”, declaró incluso el secretario de
Estado yanqui Antony Blinken al monopolio de prensa de la CNN, debido a
las inevitables comparaciones entre esta derrota actual y la expulsión
de 1975 que sufrieron en Vietnam. Tanto ahora como entonces, los
militares yanquis huyeron como ratas, a toda prisa, con helicópteros
desbordados de gente y dejando atrás a muchos otros.
A
última hora de la tarde del 15 de agosto, en el país centroasiático
(madrugada del 16 de agosto en nuestro país), cerca de 500 empleados de
la Embajada de Estados Unidos en Afganistán fueron evacuados de un total
de 4.000 agentes, yanquis y afganos, sin contar a las familias de estos
empleados.
Aliados
de Estados Unidos y miembros de la Organización del Tratado del
Atlántico Norte (OTAN), como Canadá, Francia y Dinamarca, también
anunciaron la suspensión de sus operaciones en el país y que
trasladarían a sus agentes diplomáticos al aeropuerto de Kabul. La
situación es tal que el secretario de Defensa del imperialismo
británico, Ben Wallace, ha declarado que las fuerzas británicas y de la
OTAN no regresarán a Afganistán. Llamó a la intervención extranjera de
20 años en el país un “fracaso”.
Francesca
Mannocchi, una periodista italiana, publicó un video de ella siendo
evacuada al aeropuerto en helicóptero, con la leyenda “Aeropuerto de
Kabul. Evacuación. Fin del juego”. El monopolio de la prensa The Wall
Street Journal (WSJ) informó que, según la periodista, afganos
residentes en la capital apedrearon un convoy militar italiano en las
calles, ordenándoles que abandonaran su tierra natal. Escenas como esta,
aunque censuradas por la prensa mundial reaccionaria, se generalizaron
por todo el país como parte del rechazo de las masas afganas a la
ocupación extranjera.
La historia de la resistencia y el futuro de Afganistán
El
12 de septiembre de 2001, el día después de la maquinación del 11 de
septiembre, la OTAN invocó por primera vez en la historia de la
coalición interimperialista su cláusula de defensa mutua del Artículo V,
que establece que un ataque a un aliado es visto como un ataque a la
alianza completa. Esta fue la estafa del imperialismo yanqui para
concentrar una enorme fuerza militar para invadir el país, subyugarlo,
faltarle el respeto a su autodeterminación que había llevado a un
gobierno encabezado por los talibanes), todo con el fin de ejercer allí
un gobierno de tipo colonial. Poco después, el 7 de octubre de ese año,
el entonces presidente yanqui George W. Bush anunció la invasión de
Afganistán, a la que siguió el derrocamiento del gobierno talibán,
iniciado en 1996, y la toma de posesión de Hamid Karzai, un títere de
intereses yanquis, como presidente del país.
El
Emirato Islámico de Afganistán, como se autodenominan los talibanes,
tiene sus orígenes en la época en que varios grupos guerrilleros de ese
país combatían contra la Unión Soviética socialimperialista
revisionista, que había invadido el país con su afán hegemonista. En ese
momento, en la década de 1980, participó en el movimiento que derrocó
al entonces presidente Mohamed Daoud, que sometió a la nación afgana a
los intereses del socialimperialismo ruso. Debido a esto, Afganistán
pasó a ser conocido como el “cementerio de los imperios”.
Bajo
una orientación yihadista, grupos guerrilleros de jóvenes y campesinos
pobres organizaron guerrillas para combatir y expulsar a las tropas
socialimperialistas rusas, que habían acumulado 115.000 efectivos sobre
el terreno. Aunque con ideología feudal, la guerrilla unió a toda la
Nación a su alrededor contra el invasor extranjero, que fue derrotado en
1989.
Tras
la retirada de los soviéticos, los frentes guerrilleros se dividieron
en bandas comandadas por caudillos militares, según su naturaleza de
clase terrateniente. Los talibanes continuaron desarrollando la guerra
civil para conquistar el territorio y centralizar el poder, luchando
contra otros señores de la guerra.
En
el año de la nueva invasión de Afganistán, 2001, promovida por las
tropas yanquis, los talibanes ocupaban alrededor del 90% del territorio.
En esta ocasión, el grupo reanuda la guerra de guerrillas contra el
invasor. “Volveremos a los tiempos de la yihad y se establecerán nuevos
frentes guerrilleros. Al principio, las cosas pueden ser fáciles para
ustedes [yanquis]. Pero las consecuencias serán muy graves”, señaló en
su momento el entonces titular del grupo, Omar Mohamed.
‘Las masas no se liberarán del yugo del imperialismo yanqui’
La
revista Internacional Comunista, de orientación
Marxista-Leninista-Maoísta, abordó la inminente derrota del gobierno
títere de los yanquis en Afganistán y la victoria de las fuerzas
militares talibanes.
“Durante
muchas décadas, el pueblo afgano, principalmente los campesinos pobres,
se forjó en la lucha armada contra las potencias imperialistas
invasoras. Gran parte de las masas luchó y ahora lucha contra el
imperialismo yanqui, pero bajo estandartes reaccionarios, estandartes
negros de la reacción, estandartes talibanes”, afirmaron los maoístas.
Los
editores de la revista también señalan que el problema “no es que [las
fuerzas feudales] sean parte del frente”, refiriéndose al Frente Único
contra la invasión yanqui, sino: “el problema es que estas fuerzas
[feudales] están impulsando adelante”. Según los maoístas, quien debía
liderar el Frente Único Antiyanqui era el proletariado revolucionario, a
través de su Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoísta, como única
condición para llevar ininterrumpidamente la lucha de liberación
nacional a la Revolución Democrática y pasar al Socialismo. Por lo
tanto, en ausencia de los maoístas, “las masas están luchando bajo la
bandera de los talibanes, principalmente porque se les hizo la falsa
promesa de que liberarían al pueblo afgano del buitre que es el
imperialismo yanqui”.
La
revista también destaca que el “acuerdo de paz”, firmado en Egipto en
febrero de 2020 por los talibanes y el gobierno yanqui, ya indica que se
mantendrá la dominación imperialista, en nuevas formas. El documento
trata de las condiciones para la retirada de las tropas yanquis. “Aunque
el régimen títere de Estados Unidos está cayendo y las tropas
imperialistas se están retirando del país, las condiciones del ‘acuerdo
de paz afgano’ indican que las masas aún no se liberarán del yugo del
imperialismo yanqui”.
El
acuerdo, entre otras cosas, establece que “El Emirato Islámico de
Afganistán [Talibán] enviará un mensaje claro a cualquiera que sea una
amenaza para la seguridad de Estados Unidos y sus aliados, que no tienen
lugar en Afganistán, y educará que los miembros del Emirato Islámico de
Afganistán no cooperen con grupos o con cualquier persona que
individualmente represente una amenaza para la seguridad de Estados
Unidos y sus aliados. Estados Unidos buscará la cooperación económica
con el gobierno islámico afgano recientemente establecido “.
Considerando
el acuerdo de paz, los maoístas enfatizan: “La única fuerza capaz de
liberar a una nación oprimida (como Afganistán) del yugo del
imperialismo es el campesinado pobre dirigido por el proletariado, bajo
la dirección de su Partido Comunista. La única vía para la liberación de
las masas en las naciones oprimidas es la Revolución de Nueva
Democracia a través de la guerra popular. Hasta que comience, veremos
claramente que el imperialismo estadounidense u otros imperialistas
seguirán dominando el país; el yanqui seguirá chupando la sangre de las
masas afganas. Aun así, el resultado del fin de la guerra, con los
hechos ocurridos en este momento, nos muestra algo de vital
importancia”.
El imperialismo está a la defensiva estratégica
En
su último pasaje, que trata de la derrota del gobierno afgano lacayo de
los yanquis, la revista maoísta indica que “las guerras imperialistas
de invasión ya no pueden triunfar como solían hacerlo, cuando se
establecían sobre bases sólidas. El imperialismo está en crisis total”.
¿Qué
representaría entonces la derrota militar del imperialismo yanqui? La
revista responde: “Una señal para las masas del mundo: que vivimos en la
era histórica donde las mareas han cambiado. El imperialismo se
encuentra en el momento de su defensiva estratégica y arrasando en el
mundo, y la revolución proletaria mundial está en la etapa de la
ofensiva estratégica”, señala la revista Internacional Comunista.
El pueblo afgano tendrá que lidiar con los talibanes
Abundan,
ahora mismo, los informes sobre la toma de la capital de Afganistán
que, en última instancia, piden una nueva intervención extranjera contra
la “barbarie de los talibanes”. Ofuscando que se trata de una acción de
la Resistencia Nacional, cuya expresión es el grupo musulmán (pero no
solo este), lo que hacen los monopolios de prensa reaccionarios (así
como los llamados medios “progresistas”) es amoldar sus “análisis” a lo
que manda el imperio, como parte de sus estrategias de dominación
imperialista.
Con
la reciente victoria militar del pueblo afgano, y del talibán que hasta
ahora formaba parte de él, se abrirá un nuevo capítulo en la lucha de
clases en Afganistán. Corresponderá a las masas afganas decidir sobre
las fuerzas feudales, ahora que el imperialismo ha sido expulsado: cómo y
por qué combatirlas.
Como
ya ha dicho A nova Democracia, en el artículo General yanqui admite
derrota en Afganistán ‘No podemos ganar esta guerra’, de 2018: “La
retirada de las tropas yanquis y otros invasores que actúan bajo su
mando representa una victoria de guerra de la resistencia nacional
liderada por la guerrilla y los combatientes de la Resistencia Nacional.
Al mismo tiempo, una vez que el imperialismo comienza a utilizar formas
más sofisticadas de dominación nacional (como la dominación económica,
política, cultural, etc.), dejando a un lado la guerra como forma de
dominación, estas fuerzas tienden a capitular y colaborar con la
dominación imperialista, a cambio de ser los jefes de turno que
administran la semicolonia”. Por lo tanto, la saga por la emancipación
total del pueblo afgano está lejos de terminar.
Casi
dos décadas después de la invasión yanqui y alrededor de 2 billones de
dólares después, el principal legado que dejó Estados Unidos en
Afganistán consiste en las atrocidades cometidas por el ejército yanqui,
las unidades de la CIA y las fuerzas lacayas afganas, así como
escuadrones de la muerte financiados extraoficialmente. Estos incluyen
bombardeos arbitrarios, redadas nocturnas en pueblos que se han
convertido en campos de ejecución sumaria, tortura de personas bajo
custodia y secuestros.