Mittwoch, 20. September 2017

La encrucijada coreana según un reaccionario representante del imperialismo español

A continuación publicamos un artículo de Eugenio Bregolat, ex-embajador de España en China , como "Carta China" publicada en la revista Política Exterior, VOL. XXXI, julio/agosto 2017, NÙM. 178, revista que representa inoficiosamente las posiciones del imperialismo español en política exterior y que publica a menudo artículos favorables a los intereses de los social-imperialistas chinos, por lo que nos parece que recibe algún tipo de reconocimientos por parte de los lobbistas chinos.



 También es necesario anotar que el Presidente Gonzalo en referidas oportunidades se ha referido a la forma de gobierno establecida ya desde los tiempos de Kim il-sung, como "esa reyecía rídicula establecida por Kim".

Por lo demás, la causa del pueblo patriótico de Corea contra el imperialismo yanqui y la defensa de la patria, por la salida de todas las tropas extranjeras de su territorio y la reunificación pacífica de la península de Coreaes es justa, pero eso no puede llevarnos a soslayar el caracter aventurero de algunas demostraciones del máximo representante de la RPDC. Bueno de eso ya hay experiencias históricas y se verá más tarde.

Aquí presentamos un tanto resumida la referida Carta cuyo interés reside en los hechos que aporta y que confirman nuestra posición maoísta al respecto de este punto candente de la situación internacional:


Carta China

La Encrucijada coreana



Confirmadas las conclusiones alcanzadas por sus predecesores, es improbable que Donald Trump se decida a utilizar la opción militar con Pyongyang. La vía diplomática es el único camino sensato.

Eugenio Bregolat (diplomático ha sido embajador de España en China durante tres distintos períodos, 1978-91, 1999-2003 y 2011-2013. Carta entregada el 30 de mayo.


(…) La ideología oficial del Juche predica una autarquía extrema. Durante 1.000 años Corea intentó zafarse de la influencia de China, de la que fue tributaria, y de Japón, que la invadió varias veces y la convirtió en una colonia entre 1910 y 1945. Corea resistió ferozmente el contacto con Occidente desde la llegada de los primeros comerciantes y misioneros. Todo ello más la guerra de 1950-53, uno de los capítulos más calientes de la güera fría, desembocó en el nacionalismo radical (…), que ha convertido a la RPDC en el país más aislado del mundo, justamente conocido como el “reino eremita”.


Kim Jong-un ha introducido ciertas reformas de mercado, parecidas a las de China o Vietnam. El sector privado hoy emplea en torno al 40% de la población. Los funcionarios lo toleran a cambio de comisiones. Los salarios han subido los últimos 10 años un 250% en el sector estatal y un 1.200% en el privado. Se han creado 24 zonas económicas especiales. En Pyongyang hay coches y edificios modernos. En abril, Kim Jong-un inaguró una zona de rascacielos, alguno de 70 metros de altura, la avenida Ryomyong, en el centro de la capital. Según Financial Times: “La RPDC ha iniciado el camino de la feudalidad al capitalismo de amiguetes”. Esas medidas económicas refuerzan al régimen y hacen más difícil la presión desde el exterior.


En los años ochenta la RPDC inició su programa de armas nucleares. En 1985 firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Tras diversos desacuerdos con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y amagos de Pyongyang de rtirarse del TNP, en 1992 se suscribió el acuerdo marco, por el que Estados Unidos se comprometía a suministrar dos reactores de agua ligera a la RPDC a cambio de su desarme nuclear. En 1994 visitó a Kim Il-Sung el expresidente Jimmy Carter, sin que quedara claro si se trató de una iniciativa personal o si era parte del esfuerzo de la administración estadounidense para disuadir al líder norcoreano de sus proyectos nucleares. El acuerdo marco acabó naufragando entre recriminaciones mutuas de las partes.


En 2000, con Bill Clinton en la Casa Blanca, la secretaria de Estado Magdeleine Albright viajó a Pyongyang, en el marco de las reiniciadas negociaciones entre EE.UU. Y la RPDC para lograr el desarme nuclear y el cese del programa de misiles de esta última. Finalmente, no hubo acuerdo ni visita. George W. Bush incluyó a la RPDC en el “eje del mal” en 2002, exacerbando la paranoia de Kim Jong-il, que respondió intensificando su programa de enriquecimiento de plutonio, contando con tecnología pakistaní. En 2006 efectuó su primera prueba nuclear. Barack Obama practicó una política de “paciencia estratégica” respecto a la RPDC. En 2009, el expresidente Clinton viajó en misión humanitaria a Pyongyang y consiguió la liberación de dos periodistas estadounidenses detenidas. Se entrevistó con Kim Jong-il y es previsible que se tratara la cuestión nuclear, llevara o no algún mensaje de Obama.


Tanto Clinton como Bush se plantearon la posibilidad de un golpe quirúrgico para eliminar las instalaciones nucleares e impedir que Pyongyang llegara a producir armas atómicas. Después de sopesar costes y riesgos desecharon esa opción. La aglomeración de Seúl, que cuenta con 25 millones de habitantes, la mitad de la población de Corea del Sur, se encuentra a 50 kilómetros de la frontera de Panmunjon. El horror de un ataque norcoreano con armas convencionales resultaba inaceptable para Seúl. También para Washington, que además de no poder imponer este coste a su aliado, habría sufrido también bajas entre los 28.000 militares estadounidenses desplegados en el país. Japón, otro aliado de EEUU, queda asimismo al alcance de los misiles norcoreanos. Por otra parte, China no iba a tolerar que una Corea reunificada regida por un Seúl aliado de EEUU se extendiera hasta el río Yalú, la frontera chino-coreana. Para evitarlo, libró una guerra contra EEUU al inicio de la década de los cincuenta.


Si el coste de un ataque para evitar que la RPDC se convirtiera en potencia nuclear era entonces prohibitivo, lo es más ahora, cuando se supone posee en torno a una docena de ingenios nucleares, dispersos y bien ocultos. El desarrollo de cohetes de alcance cada vez mayor, que pudiera llegar a amenazar el territorio de EEUU dentro de pocos años, complica más aún la situación. Donald Trump comenzó a decir que se había acabado la “paciencia estratégica” de Obama y que no toleraría el desarrollo de misiles capaces de golpear a EEUU. Más adelante, se declaró dispuesto a entrevistarse con Kim Jong-un “si se dan las condiciones adecuadas”. Parecería que le han explicado los costes de una acción militar, agravados ahora al contar Pyongyang en su arsenal con armas nucleares y que Trump ha entendido, como sus predecesores en la Casa Blanca, que es mejor la opción diplomática. Como en casi todas las cuestiones de política exterior, a medida que Trump descubre las complejas realidades, va aceptando el convencional wisdom que tanto denostó durante la campaña presidencial.


El interés vital de la RPDC reside en la conservación del régimen, y el de Kim Jog-un en mantener su poder personal – la singular monarquía hereditaria (…) Vistas las experiencias de Sadam Husein y de Muamar el Gadafi, el dictador norcoreano entiende que la posesión de armas nucleares es la mejor formar de garantizar que no seguirá la suerte de aquellos.

China entiende que sus intereses vitales exigen la conservación de un Estado tampón norcoreano, al menos mientras Corea del Sur siga aliada con EEUU y albergue tropas estadounidenses. La frontera con Corea, de 1.400 kilómetros, es la ruta de invasión de China utilizada por Japón para conquistar Manchuria en los años treinta del siglo XX. China quiere evitar también la incontenible oleada de refugiados que pudieran entrar a través de esa frontera, en caso de hundimiento del régimen norcoreano, así como las eventuales locuras que pudiera cometer una RPDC acorralada. No se puede esperar, por tanto, que Pekín intente provocar, suponiendo que pudiera, la desestabilización del régimen.

Que China tiene una capacidad de influencia sobre la RPDC mayor que la de cualquier otro país es eviente. Pero eso no significa que pueda obligarla a seguir una política determinada, en especial a desnuclearizarse, cuando el régimen coreano y su máximo dirigente consideran que el arma nuclear es su seguro de vida. Si China pudiera imponer su voluntad a la RPDC, nunca le habría permitido el desarrollo del arma nuclear, ya que ello puede conducir a Japón, a Corea del Sur, e incluso a Taiwan, a dotarse de armas atómicas. De momento, EEUU ya ha instalado un sistema antimisiles en Corea del Sur (Thaad), provocando la alarma de Pekín (y Moscú) y un importante deterioro de las relaciones con Seúl.. Trump ha reconocido y agradecido el esfuerzo de China de ayudar con la RPDC, aunque no haya dado resultado.

Nadie sabe cual será la respuesta final de Trump al desarrollo por Pyongyang de misiles que en pocos años pueden alcanzar territorio americano. (…)

Ante el perjuicio que le ocasiona la política nuclear y el desarrollo de los misiles norcoreanos, China a votado en las Naciones Unidas a favor de las sanciones a Pyonyang. La prensa china acusa al programa nuclear norcoreano de amenaza a los intereses nacionales. El Diario del Pueblo, órgano del PCCH, llama a la RPDC “obstinada: como una persona adicta a las drogas, no se puede hablar con ella de forma razonable. Ahora a trazado una línea con su programa nuclear, quien se opone a él es su enemigo. Así, la RPDC no tiene amigos, hace del mundo su enemigo a cambio de tener armas nucleares”. La prensa norcoreana a criticado a China por su nombre, en vez de referirse a “un país vecino” o “una gran potencia”, algo insólito. La Agencia de Noticias Central de Corea ha escrito: “China baila al son que toca EEUU. La RPDC nunca mendigará la amistad con China al precio de poner en riesgo su programa nuclear, tan precioso como su propia vida”. Aunque el desencuentro es evidente, China actúa con cautela, intentando conciliar la presión y la persuasión, al tiempo que evita perjudicar la estabilidad del régimen coreano.

China ha dicho que “puede facilitar un arreglo negociado, pero no puede imponerlo. Para que las negociaciones den resultado, la RPDC y sobre todo EEUU deben mover fichas”. La vuelta a lavía diplomática, ya sea reanudando las viejas negociaciones “a seis” o bajo otro formato, parece razonable. Para que la RPDC renuncie a su programa nuclear y de misiles, o para conseguir que destruya los ingenios ya producidos, habría que dar a Pyonyang garantías de que no se intentaría derribar el régimen, así como ayuda económica, y Washington tendría que ofrecer el reconocimiento diplomático. La concertación entre Washington y Pekín es indispensable, tanto para reconducir la conducta de Pyonyang como para evitar un escenario de conflicto entre ellos.

Entre los consejeros de Trump se encuentran algunos radicales antichinos, empezando por Steven Bannon, para quien un conflicto entre EEUU y China es inevitable en los próximos 10 anos y “es mejor librarlo cuando EEUU disponga aún de superioridad militar”. También ha dicho que “sanciones económicas más duras contra China son necesarias no solo para reequilibrar la balanza comercial sino también para debilitar el poder militar de China”. Los que comparten esta lógica pueden ver en la RPDC una ecusa para precipitar el conflicto con China. Como pueden verla también en los contenciosos de los mares adyacentes a China o en Taiwán. Es de esperar que elementos más sensatos del entorno de Trump sigan prevaleciendo.
( Política Exterior, VOL. XXXI, julio/agosto 2017, NÙM. 178, Carta de China: La encrucijada coreana, páginas 24 a 29, por Eugenio Bregolat, diplomático, embajador de España en China de 1987-91, 1999-2003 y 2011-13. Carta entregada el 30 de mayo
 (…) Vistas las experiencias de Sadam Husein y de Muamar el Gadafi, el dictador norcoreano entiende que la posesión de armas nucleares es la mejor formar de garantizar que no seguirá la suerte de aquellos.